-Como quieras, le buscamos y me marcho, tengo que terminar de preparar un examen para mañana.
-¿De qué asignatura es?
-De Historia, la semana pasada les puse otro de Geografía, sobre volcanes y demás, ya sabes, no les gusta tanto pero bueno, casi todos aprobaron. Leo dejó a su padre con el señor Antonio y se marchó a casa, se acostó más tarde de lo que esperaba, preparando el exámen.
El resto de la semana fue bastante tranquila, Leo fue a ver a su padre el Sábado y le dejaron que se lo llevara a comer fuera; vinieron por la noche justo a la hora de cenar. Padre e hijo pasaban todo el tiempo que podían juntos pero Leo tuvo que dejar a Frank tres años atrás en la residencia porque ya no estaba capacitado para cosas tan elementales como cocinar, ó quedarse solo.
Frank no tenía a nadie, salvo a una hermana que vivía en Barcelona y que debido a su trabajo de psicóloga no podía venir a visitarle con la frecuencia que a ella le gustaría.
Su hermana, Sonia, tenía cuarenta y tres años, seis años menos que él y estaba casada con Luis, con el cual tenía dos hijos: Álvaro y Marta. Aparte de su hermana y la familia de ésta, Leo no contaba con más familia que con su padre, ya que su mujer murió hacía ya tres años,
víctima de una enfermedad extraña de la que los médicos no pudieron salvarla.
Pasó los cuatro últimos años sufriendo, entre su casa y el hospital, deteriorándose por días hasta que su cuerpo no pudo más. Leo lo pasó muy mal cuando ella murió, llevaban juntos veintiocho años y nunca se habían separado, él se vio perdido y solo y fue cuando
decidió vivir con Frank durante dos años hasta que se dio cuenta de que Frank pasaba más tiempo solo que acompañado.
Leo era profesor de primaria por las mañanas y a veces dedicaba tardes a dar clases de apoyo a algún que otro alumno que lo necesitara.
El domingo lo pasó descansando en casa, se quedó tumbado viendo la tele y durante largo rato continuó un libro de aventuras que había empezado el día anterior.
Se acostó pronto porque tenía pensado madrugar algo más que de costumbre, pensó en pasar por casa de Tomás y recogerle con el coche para llevarle al colegio. Al día siguiente salió de casa y antes de arrancar el coche, llamó a Tomás para ver si éste estaba ya preparado para ir a buscarle.
Cuando llegó, Tomás ya estaba en la calle, llevaba un pequeño maletín negro, el cual Leo observó atentamente.
-¿Y ese maletín? Pareces tú el profesor.
-Nada, tonterías, algunas fotos que tengo.
-¿Fotos?¿de qué?
-¿De qué va a ser? Del ejército, de los aviones, de acontecimientos.
-¿Puedo verlas?
-No, tú conduce, ya tendrás tiempo de mirarlas cuando las vean los demás.
Leo arrancó el coche y fueron al colegio, los muchachos estaban ya en sus asientos esperando a que el profesor apareciera.
-¡¡Buenos días, Leo!!-dijeron todos los alumnos al unísono.
Leo entró en clase con Tomás y éste les saludó.
-Chicos, todos en pie, avisaré a Marcos de que nos vamos, poneros en fila y en silencio que el resto de compañeros están en sus clases.
Todos hicieron caso de Leo y se colocaron en fila, ninguno de ellos habló y esperaron a que él viniera de hablar con el director. Salieron todos del colegio y llegaron a la puerta de la residencia, la recepcionista salió a recibirles.
-Hola, Leo, ¡Qué bien acompañado te veo hoy!-dijo Pilar.
-Sí, ¿has visto? Venimos de visita, ¿no te lo ha contado mi padre?
-Vaya si me lo ha contado, a todo el mundo, lleva despierto desde las seis
y media de la mañana.
-Pilar, somos muchos, ¿dónde podemos esperarle?
-Salid al patio, hace buen día, os recibirá enseguida, mientras voy a preparar la sala de visitas para que estéis todos cómodos.
-Gracias, Pilar.
La recepcionista fue a la habitación de Frank para avisarle de que ya había venido la visita.
Él ya había salido al pasillo y estaba hablando con el señor Antonio.
-Frank, tu visita te espera en el patio.
-Vaya, llegaron pronto, vamos, Antonio, que así conoces a los muchachos de mi hijo, él dice que no dan guerra, ya veremos.
El señor Antonio y Frank fueron al patio y vieron a los muchachos mirando las plantas que rodeaban los bancos.
-Vaya, vaya, jovencitos, sóis muchos.
-Papá, son quince los que han venido sin contar a Tomás.
Frank se echó a reír y miró a su amigo.
-Vaya, Tomás, estás hecho un chaval, pareces uno de ellos.
Pilar entró a los minutos y les avisó de que estaba la sala preparada.
Entraron todos y se acomodaron en los amplios sillones y varias sillas de que disponía el lugar.
-Bueno, chicos, ¿qué tal es mi hijo como profesor? ¿es muy gruñón?
-¡Papá, por favor!
-Hijo, relájate, que os muchachos han venido a pasarlo bien.
-No hemos venido a hablar de mí, quieren oír tus historias, tus anécdotas, ya hablamos de ello el otro día.
-Bien, muchachos, veréis; cuando yo entré en el Ejército a cavaban de nombrar al Teniente General Navarro Garnica como Jefe del Estado mayor
del Ministerio del Aire, fue en Mayo del año 1.965. Ese mismo año, el General de Brigada Salvador es nombrado Jefe de la Fuerza Aérea de Defensa.
-Padre, eso no les interesa a los chicos, háblale de aviones.
-Hijo, eso también es historia, veréis, os contaré alguna anécdota interesante.
Justo en ese momento, Pilar entró acompañada de tres enfermeras más, cargadas con bandejas repletas de unas pequeñas tapas caseras que habían preparado con jamón, tortilla, morcilla y algún pincho más.
