EL ÁNGEL DE REBECA

Solía salir a pasear como cada mañana por aquel parque. Aquél día estaba nublado y vio junto al frondoso árbol que había en el camino, un banco en el que se hallaba una mujer de unos cuarenta años, que observaba atentamente un grupo de palomas que picoteaban migas de pan justo enfrente de ella.

Él se sentó a su lado, no sin antes preguntarle si eso le molestaba, a lo que ella contestó que no. Siguió observando a las palomas, él la miró perplejo preguntándose cuánto tiempo llevaría así; de repente, empezó a hablar.

– Hace años no pasaba; hace años nada de esto se veía- repitió- ¿cómo te llamas?-le preguntó de pronto.
-Iván- le dijo casi sin pensar, ella prosiguió.
-Si tuviera que definirme, diría que soy una persona que ha avanzado con las tecnologías y los cambios, pero que ha dejado un hueco en su corazón para aquellos recuerdos que hicieron que mi vida fuera especial.
-¿Qué hubo de especial antes que no lo haya ahora?-preguntó Iván.
-Es una historia muy larga de contar-dijo la mujer.
-No importa, no tengo prisa- contestó expectante.

-Está bien- comenzó a explicarle, girando la cabeza para observar a las palomas que se habían posado junto al banco en el que estaban sentados.
– Cuando tenía tres años no le temía a nada, era demasiado atrevida y con ganas de comerme el mundo. Mis profesores siempre decían que era una niña muy charlatana a la cual no le costaba hacer amigos.

Recuerdo que mi forma de estudio, al igual que el profesorado, era distinto. Supongo que habrá quien diga que ahora se entiende más al alumno, todo lo han querido modernizar y hablan de escuchar y comprender. Pues yo como alumna de aquella época doy gracias por haberme formado en esos años en los que los cimientos eran más fuertes.

Tuve una profesora seria, severa, y muy respetable, aprendí de ella los valores como persona y como estudiante. Me enseñó a apreciar la literatura, la ortografía, la poesía… y supongo que habrá quien piense que la poesía es solo eso, pero sinceramente, es lo que me ha enseñado disciplina.

Becky miró a su alrededor y prosiguió contando aquella emocionante historia.al. – Aprendí vocabulario, porque la lectura me hizo querer comprender cada palabra leída y para ello, contaba con un diccionario a mi lado al cual acudía cuando algo no entendía.
-Claro, seguro que era la empollona de la clase y sacaba muy buena nota- dijo Iván.

-¡Qué va, te equivocas! Yo hablaba tanto que mi madre tuvo que venir alguna que otra vez a hablar con la profesora. Yo nunca fui la típica empollona; de hecho a veces me regañaban por hablar mucho pero mi interés por aprender era más grande y eso me hizo querer seguir y aprobar el curso.

-Disculpe, pero ¿cuál es su nombre? Me gustaría saberlo antes de que prosiga con la historia- Dijo Iván.
– Mi nombre es Rebeca, puedes llamarme Becky y por favor tutéame- le contestó ella.
– Entonces encantado, Becky, sigue, por favor.
– Un día la profesora nos invitó a dos compañeras y a mí a merendar a un burguer, por el centro de Madrid, de camino vimos a un hombre que nos resultaba familiar; nos acercamos a él y vimos que se trataba de Antonio Ferrandis, más conocido como “Chanquete” de una de las series más conocidas entonces en televisión “Verano Azul”.
-¡Guau! Yo he llegado a ver algún capítulo de esa serie, me gustó, pero sigue, por favor, sigue, ¿qué pasó?- dijo Iván con mirada interesante.
-Nuestra profesora le preguntó qué tal estaba porque había salido recientemente del hospital y él estaba encantado de que le hubiéramos reconocido-le contó Rebeca.
-Supongo que alegra el hecho de que le reconozcan a uno por la calle, he leído que le tenían mucho cariño y que era uno de los protagonistas- comentó el joven.
-Sí, en efecto, se hacía querer, era un hombre sencillo y muy buen actor. Como te decía, yo que con los años me había vuelto más tímida, tuve que enfrentarme a mis miedos y mi profesora me expuso a salir en todas las funciones que se celebraban en el colegio, algo que me vino muy bien años más tarde para desenvolverme en mi vida laboral. En aquella época no existía primaria, ni secundaria ni tampoco la E.S.O. Estudié la Enseñanza General Básica (E.G.B.) y aún hoy lamento que esta enseñanza se perdiera. Yo aprendí con sus libros, sus profesores… yo pasé de curso y aprobé como una mayoría de alumnos de aquel entonces. El porcentaje de aprobados en aquel tiempo era muy superior al actual; el profesorado era mucho más respetado y las normas mejor acatadas por los alumnos. Alumnos de aquel entonces formados para aprender una disciplina, hechos en un ambiente en el que la educación y el respeto eran esenciales.
-¿Echas de menos más cosas?-preguntó Iván.
-Claro, añoro las navidades de aquellas épocas, aquellas tradiciones como las de pedir el aguinaldo por niños que portaban en sus manos panderetas de colores, ó desearse felices fiestas por la calle, algo que con el tiempo se ha perdido. Si algo echo en falta de aquellos tiempos es la vida tranquila en las calles, las buenas gentes, la falta de violencia, robos y maldad en gener


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