-Mira, Jaime, aquí está, acabo de recordar que le llamábamos Manu ó Halcón en confianza. Siempre estaba deseando volar, de ahí su apodo.
-¿Entonces el abuelo de Jaime era un héroe?-preguntó Marta.
-Sí, señorita, todo un héroe, gracias a él llegaba ayuda para gente que no tenía para comer, ayudaba a motivar a los que no creían y transportaba a los enfermos en aviones pilotados por él.
-Señor, ¿qué es la TLP?-preguntó David.
-Menos mal, pensé que nadie me lo preguntaría, TLP viene de Tactical Leadership Program; es decir, el programa de liderazgo de pilotos, en Albacete.
-Solo el nombre ya dice que es muy importante-dijo David fascinado.
-Sí, claro que es importante, además todo lo que sea formarse, aprender y mejorar es importante; los premios, los galardones y demás, son el resultado de lo conseguido en esa formación-le contó Tomás.
Leo no había hablado en todo el tiempo, pensó que debían hablar los protagonistas y a él le fascinaba escuchar sus historias. Después de un buen rato viendo fotos y escuchando sus anécdotas, Leo miró el reloj, eran las dos de la tarde y debían marcharse.
Se acercó a Frank y le dijo que debían terminar.
-Vaya, qué rápido se me ha pasado el tiempo, es la hora de comer ya.
-Tomás, vamos, despídete de los muchachos, que se tienen que ir.
-Oh, ya, ¡qué rápido se me ha pasado! Chicos, vamos, por lo que veo la visita se ha terminado.
-Tomad, chicos, es un detalle por vuestra visita, os habéis portado muy bien.
Pilar les regaló un llavero con la insignia de la residencia, era de plata y estaba metido en una cajita junto a un bolígrafo de color negro y plata.
A los chicos les gustó mucho el detalle y se fueron muy contentos, Pilar les acompañó a la puerta y les invitó a que volvieran cuando quisieran.
El señor Antonio salió también con ellos, quedó encantado con los chicos y orgulloso de saber que eran alumnos de su hijo.
Tomás se marchó a casa a comer, le había emocionado mucho la visita de los chicos.
Leo se marchó al colegio con sus alumnos y éstos no pararon de hablar entre ellos durante todo el trayecto. Cuando llegaron, Marcos, el director, les preguntó qué tal lo habían
pasado y aunque no quisieron comentar nada, sus miradas hablaban por sí solas.
Sólo tuvieron tiempo de coger sus mochilas y marcharse a casa, ya eran las tres de la tarde y se lo habían pasado muy bien. Leo se fue a casa y llamó a su padre para ver qué tal lo había pasado. Frank estaba contento de que hubiera traído a los chicos, había sido
mejor de lo que él esperaba. La tarde estuvo tranquila, Leo fue a dar clase a uno de sus alumnos a los que la geografía no se le daba muy bien.
Cuando terminó la clase se fue a casa y alguien le llamó por teléfono.
-¿Leonardo?-preguntó la voz del otro lado del teléfono.
-Sí, soy yo, dígame.
-Buenas tardes, soy el padre de Jaime, me ha contado que han estado de excursión en una residencia.
-Sí, así es.
-Me dijo que han hablado de mi padre y su trabajo en el Ejército.
-Sí, él nos comentó que su padre se formó en el TLP de Albacete.
-Sí, me dijo Jaime que han estudiado juntos.
-Efectivamente, salió muy contento, estuvo viendo fotos-le contó Leo.
-Me contó que vio una foto de su abuelo.
-Sí, estaba junto a mi padre y otros compañeros más.
-Para mí es toda una sorpresa saber que aún recuerdan a mi padre.
-Por supuesto que le recuerdan, fue uno de los mejores pilotos.
Cuando terminaron de hablar, Leo cenó y se fue pronto a dormir, había sido un día lleno de emociones.
Por la mañana, Leo fue al colegio con más ánimos que nunca, entró en clase y todos sus alumnos le esperaban para el exámen que Leo iba a hacerles acerca de la excursión del día anterior.
Lo que no se esperaban es que Leo les preguntara por inscripciones de la residencia o saber algo de historia sobre la construcción de la misma, eso lo suspendieron casi todos.
-Claro, es que pensamos que sólo era sobre lo que escuchamos contar a Tomás y a Frank.
Los muchachos intentaban defenderse, pero tampoco Leo le dio mucha importancia, tan solo el hecho de saber que acertaron el resto de preguntas sobre la historia contada allí, era motivo suficiente para aprobarles.
-Chicos, me ha comentado mi padre que podéis ir a verles a la residencia siempre que queráis, que estarán encantados de atenderos.
-¿El día que queramos?-preguntó David.
-Claro, el día que queráis- repitió Leo.
-¿Yo puedo ir hoy? Hay una cosa que quiero preguntarle a Tomás.
Pero Tomás no está en la residencia, él tiene su casa.
-Ya, pero supongo que algún día irá por allí, quiero pedirle algo.
-Mira, ¿quieres llamarle por teléfono tú mismo?
-¿Puedo?-preguntó emocionado Jaime.
-Claro, le hará mucha ilusión saber que le llamas.
Leo le dio el teléfono de Tomás a Jaime y cuando éste llegó a su casa, lo primero que hizo fue llamarle.
Le preguntó a Tomás si podría dejarle la foto de su abuelo para hacerse él una copia, pero Tomás le dijo que no, que él nunca dejaba sus fotos a nadie.
A Jaime le extrañó la contestación de Tomás, pero no dijo nada, se despidió de él y colgó el teléfono.
Jaime se quedó triste pensando que Tomás tenía una foto de su abuelo, la única foto que él podría tener y con la cual podría recordarle.
