Llegó el final de curso y con él los exámenes finales, alguno de los alumnos había ido a visitar a Frank y al señor Antonio a la residencia, pero como tenían que estudiar, tuvieron que dejar de ir.
Hacía calor y ya se veía niños en los parques, los muchachos apenas salían preparando los exámenes.
Leo fue a visitar a su padre y éste le contó lo que le había pasado a Jaime con Tomás.
-¿Qué Tomás se ha negado a hacerle una copia? No me lo puedo creer.
-Sí, hijo, sí, vino hace una semana Jaime y me lo contó, se me olvidó decírtelo, pero así es.
-Tomás nunca se negaría a algo así-dijo Leo.
-Pues se ha negado y espera a que venga, que me va a oír, después de haberle escuchado el muchacho atentamente.
-Padre, puede que lo dijera por algo.
-Sí, seguro, lo dijo porque es tonto, porque no hay otra explicación.
-Bueno, esperemos a que venga y entonces saldremos de dudas.
-Claro que saldremos de dudas, hacerle eso al muchacho.
-Padre, no te calientes y escucha primero lo que te cuente.
Justo en ese momento apareció Tomás por la puerta con un maletín de madera algo grande.
-Hola, chicos, ¿qué tal todo?
-¿Qué qué tal? Y te quedas tan ancho, es increíble.
-¿Te pasa algo, Frank?
-¿Qué si me pasa algo? Claro que me pasa algo.
-Papá, por favor, cálmate un poco, yo hablaré con él.
-¿Se puede saber qué pasa, Leo?
Salgamos fuera y te cuento. Papá, tú mira la tele un rato, anda.
-Verás, Tomás, Jaime le contó a mi padre que te llamó para pedirte una copia de la foto de su abuelo y que tú te negaste.
-Así es.
-Pero Tomás, al menos disimula una poco, ¿le dijiste que no así, sin más?
-Sí, así sin más. Mira, quiero enseñarte algo.
Tomás abrió el maletín y saco la foto que Jaime le había pedido, a continuación sacó una lámina pintada a mano de esa misma foto en la que se veía al abuelo de Jaime.
-Pero, ¿y esto?
-Esto es un cuadro de la foto en la que aparece el abuelo de Jaime, falta que me lo enmarquen y lo tendré listo para regalárselo a Jaime.
-Vaya, Tomás, esto sí que es una sorpresa y por supuesto, Jaime no sabe nada, ¿verdad?
-Pues claro que no, es un regalo que le haré el último día de clase, al resto de los muchachos he mandado pintar uno con aviones diferentes para que tengan dónde elegir.
-Tomás, le va a encantar tu regalo, ya estoy deseando ver su cara cuando se lo dés.
-Eso espero, aunque su padre no sé si estará tan contento como él.
-Seguro que sí, me llamó el otro día, me dijo que no esperaba que su padre fuera recordado, cree que nadie se acordaba de él.
-De Manu el Halcón sí, de Manuel Martín no-rió Tomás.
Quedaba una semana para terminar el curso y los chicos habían estado encerrados en casa estudiando.
Habían estado hablando entre ellos y le comentaron a Leo la posibilidad de que su padre pudiera venir a verles actuar en la función del colegio.
Frank les había caído tan bien que querían hacerle partícipe de su fiesta, por supuesto, también querían que viniera el señor Antonio con ellos.
Leo lo preguntó a Pilar si eso se podía hacer, llevarse a dos por el precio de uno como él decía.
Pilar le dijo que sí pero con la condición de poder ir ella, aunque no quiso decirle que el verdadero motivo de querer ir es porque la apetecía ver a los muchachos. Leo le informó a su hermana de la fiesta del colegio y ésta se cogió el día libre, no quería faltar a un acontecimiento así, en el que estaría también su padre y Tomás, a quien Sonía tenía mucho cariño.
Los hijos de Sonia, Álvaro y Marta, se quedaron con Luis en Barcelona porque aún no habían terminado las clases y ella llegó la tarde del día anterior.
-Hombre, hermanito, ¡qué guapo estás! ¡y qué alto!
Leo se echó a reír, Sonia siempre estaba bromeando, tenía muy buen humor.
Dejaron en casa una pequeña bolsa de viaje que había traído consigo y se fueron a cenar fuera, luego Pilar les permitió entrar un rato a ver a Frank.
-No son horas pero haré una excepción contigo, teniendo en cuenta que
vienes de fuera.
-Gracias, Pilar, te lo agradezco- le dijo Sonia.
