Frank se alegró mucho de ver allí a su hija y no pararon de hablar, fue Pilar la que tuvo que llegar para que terminaran porque tenían que cerrar la puerta de la residencia.
-Gracias por todo, Pilar, espero verte mañana.
-Me verás, Sonia, seguro.
Leo y Sonia se fueron a dormir, les hubiera gustado quedarse más tiempo hablando de todo, pero les esperaba un largo día.
A la mañana siguiente, los dos hermanos se vistieron y salieron a desayunar fuera, era una costumbre que tenían siempre que venía Sonia.
Luego pasaron por la residencia para recoger a Frank y al señor Antonio, ambos estaban sentados en la cafetería y ya habían terminado de desayunar.
-¿Estáis listos? Vamos a esperar a ver si aparece Tomás, tenía que
pasarse por una tienda y venía luego aquí.
Cuando llegó Tomás, Sonia se abrazó a él, besándose sin parar, Tomás se puso muy contento porque hacía mucho tiempo que no la veía.
-Sonia, estás guapísima, cada vez más por lo que veo.
-Eres un adulador, Tomás y cada vez más, por lo que veo.
Todos se echaron a reír, Leo miró la hora, eran ya las nueve menos cuarto y a las nueve llegarían los muchachos al colegio.
-Bueno, ya es la hora de irnos, seguro que llegan antes que nosotros si seguimos aquí.
-Pilar, trae lo que te he pedido.
Pilar trajo una caja llena de revistas, aunque no se veía de qué trataban, cerró las solapas y se la dio a Leo.
-Papá, ¿qué es esto?
-Nada un detalle para los muchachos, ya lo verás cuando lleguemos.
Cuando llegaron, se sentaron entre los padres que habían ido a ver a sus hijos actuar.
Al finalizar la función y los bailes previstos, les dieron un diploma como señal de méritos conseguidos durante el curso.
Los profesores comenzaron a traer comida y bebida que sirvieron en varias mesas y los padres comenzaron a acercarse y hablar entre ellos.
Los muchachos se pusieron alrededor de Frank y de Tomás, aunque Jaime estuvo reacio a acercarse a éste último.
-Jaime, ¿te pasa algo conmigo? Te noto algo enfadado.
-No, no me pasa nada.
-¿Seguro? Abre esto, por favor, me gustaría que lo vieras.
El padre de Jaime miraba a su hijo desde el otro lado de la sala, Jaime abrió el envoltorio y sacó de su interior un cuadro con la ansiada foto de su abuelo y de sus compañeros.
-¿Y esto?-preguntó asombrado Jaime.
-¿Esto? Esto es tuyo, muchacho, te dije que no porque dejé la foto a un retratista para que la pintara, quería que fuera una sorpresa, ahora sí que tendrás presente a tu abuelo.
-¿Para mí? Madre mía, no esperaba esto, gracias, Tomás.
A Jaime se le saltaron las lágrimas de los ojos y su padre que le estaba viendo no pudo evitar acercarse a ver qué pasaba.
-¿Qué pasa, Jaime?
-Papá, mira lo que me ha regalado Tomás, la voy a poner en mi habitación.
-Tomás, es usted muy generoso.
-Es lo menos que puedo hacer por su hijo, es un buen chaval y lo lleva en la sangre, seguro que será buen piloto.
-Pero él no va a ser piloto, será abogado.
-¿Por qué? Porque usted quiere que lo sea, ¿verdad? Él quiere ser piloto y tiene todas las cualidades para ello, no le corte las alas.
