-¿Beneficiadas? ¿De qué me está hablando?-preguntó Suzanne desconcertada.-Usted desea una historia, ¿no es así?-Sí, pero ahórrese los detalles, la revista no busca ese tipo de cotilleos.-¿Qué cotilleos, querida? Aún no le he dado la noticia.-¿De qué me está hablando?-Usted quiere una noticia y yo se la doy, alguien va a morir, ¿qué le parece esa noticia?-¿Cómo? ¿De dónde se saca eso?-Creo que he hablado de forma clara, alguien va a morir.-¿Alguien? ¿Quién? ¿Cómo sabe usted?-Ahora sí que debo irme, hágame caso y escriba ese artículo, infórmese bien y no cometa el error de publicarlo antes de tiempo.-Pero un momento, dígame algo más, ¿cómo va a ser? ¿quién? ¿por qué?-Si quiere una buena historia, no destroce el final, la seguiré informando, cuento con usted.Aquella mujer de larga melena negra y ojos oscuros, se levantó y sin esperar a que Suzanne la acompañara a la puerta, salió del despacho.Suzanne se quedó pensativa, ni siquiera se levantó, su mirada estaba perdida en un punto de aquella pared cubierta de grandes estantes de libros.

 La historia había cambiado, ya no se trataba de una historia de celos, ni de infidelidades, sino de un supuesto asesinato que aún no había ocurrido.Era todo muy extraño, la mujer, aquel hombre de traje azul marino y la despedida de Frank con tan solo una nota en la que la dejaba sin explicación alguna.Y aquella mujer a la que no había visto más que en fotos que Frank le enseñaba cuando aún estaban juntos, la misma que había entrado en el despacho, segura de sí misma y le había hablado de un asesinato.Pero, ¿qué asesinato? ¿de quién estaba hablando y qué sabía ella? Era ya la hora de comer, hacía frío en la calle y debía preparar aún unas fotos para la revista.Llamó por teléfono al restaurante italiano que había justo debajo de su casa, pidió pasta que ella tanto le gustaba y se acomodó en su amplio sillón hasta que llegó el repartidor con la comida recién hecha.-Gracias, joven-dijo Suzanne cogiendo la comida que el muchacho le había traído.Las dos siguientes horas las pasó tranquila en su despacho, sin que nadie la interrumpiera; no se oía un solo ruido a su alrededor y sus compañeros ya se habían marchado a casa.