Cuando Rebeca se quedó dormida, Marta se fue a casa, eran ya las diez de la noche y aún tenía que hacerle la cena a Iván.
-Iván, cariño, ya estoy en casa-dijo cerrando la puerta.
Se dirigió a la cocina y vio que Iván había pedido una pizza de jamón y queso, Marta sonrió al verlo.
-Mamá, ¿te gusta la sorpresa?
-Sí, cariño, claro que me gusta, pero ¿de dónde has sacado el dinero para pagarle al repartidor?
-Tenía dinero ahorrado de la paga de los domingos.
-Toma, te hará falta- le dijo estirando la mano con un billete de veinte euros que había sacado de su bolso.
-No, mamá, a esto invito yo, guárdatelo, no me hace falta. ¿Rebeca está bien?
-Sí, se quedó durmiendo cuando yo me fui.
Marta no quería asustar al muchacho, por lo que no le contó nada de lo sucedido, no quería que sufriera. Se comieron la pizza y ambos se fueron a sus respectivas habitaciones, ya que al día siguiente había que madrugar y estaban cansados, el día había sido largo y duro. El día amaneció soleado y el muchacho se levantó con una sonrisa en la cara, se despertó media hora más pronto, ya que tenía intención de terminarse el libro antes de irse al instituto. Cuando se lo leyó, lo primero que hizo fue acercarse a la biblioteca a devolverlo. Buscó a Marian; ésta se encontraba al final del pasillo, junto a unos estudiantes que leían sigilosamente.
-Jovencito, ¿a qué se debe esta visita a estas horas? ¿no es muy pronto?
-Bueno, vengo a devolver este libro.
-Pero muchacho, si te lo llevaste ayer, ¿es que no te gusta?
-Sí, sí, me ha gustado mucho, por eso me lo leí entero.
-¿Ayer? ¿en un solo día? Vaya, me sorprendes.
-Bueno, la verdad es que lo terminé hoy.
-Eso está muy bien. ¿Vas a llevarte otro?
-No, de momento no, además mañana tengo un exámen y tendré que estudiar en cuanto llegue a casa.
-Bien, estudia, ya vendrás a por más, con más tiempo.
Iván se marchó, tenía que entrar en el instituto y no quería llegar tarde. Pasó por delante de la casa de Rebeca, pero no se podía parar a verla, pensó que lo haría después de clase; miró hacia su puerta y vio salir a alguien a quien no esperaba ver allí. Era Basti, que cerraba la puerta tras de sí y marchaba en dirección al parque, a Iván le hubiera gustado preguntarle qué hacía allí pero se le hacía tarde, no podía detenerse. Pasó la mañana pensando en Basti, todo era muy confuso e Iván no entendía qué hacía Basti allí. A la salida se fue sin esperar a nadie, ni siquiera Diego que le esperaba en la puerta de entrada al patio le vio pasar. Iván se apresuró a llegar a casa para dejar la mochila y coger su bocadillo.
Nada más entrar, soltó los libros en el suelo y fue a la cocina donde le esperaba su madre con la merienda.
-Hola, cariño, ¿qué tal te fueron las clases?
-Hola, mamá, bien, me llevo el bocata, tengo que irme, adiós mamá- dijo Iván a su madre saliendo por la puerta.
- Este chico no cambiará- dijo Marta en voz baja.
Iván iba comiendo el bocadillo mientras andaba a paso ligero, tenía ganas de llegar al parque, quería ver a su nuevo amigo Basti. Se sentó en un banco cercano al banco en el que se había sentado la vez anterior, ya que ése estaba ocupado por una pareja de ancianos que echaban migas de pan a las palomas que se acercaban. El joven observaba todo lo que le rodeaba, derecha, izquierda, al frente, detrás… pero Basti no aparecía. Pasada una hora, Iván se levantó y se acercó a casa de Rebeca, quería saber si se encontraba bien.
El muchacho echaba de menos las tardes en las que su amiga le contaba historias curiosas que a él le gustaba escuchar. Nunca lo reconocería, porque Iván no era un chico que exteriorizara sus sentimientos. Llamó a la puerta y esta vez tuvo suerte, enseguida le abrió la mujer y le hizo pasar al salón.
