Iván la miró, algo sorprendido de que dadas las horas que eran aún estuviera en bata, no era propio de ella. Estaba despeinada, tenía los ojos hinchados de no haber dormido bien y su aspecto desmejorado empezó a preocuparle al muchacho.
-Rebeca, ¿estás bien?
-Sí, cariño, claro que lo estoy, ¿no se ve en mi cara?
-Por eso, por la cara que tienes te lo pregunto, no tienes buen aspecto, ni siquiera te has quitado la bata y mira qué pelos tienes.
-Eh, jovencito, respeta a tus mayores- dijo Rebeca con tono sarcástico.
-¿Quieres que luego te traiga algo para cenar?
-Ya he hablado con tu madre, luego se pasará a verme, le dije que no hacía falta pero ha insistido, tienes una madre muy testaruda.
-Lo sé- dijo el muchacho sonriendo.
-¿Quieres tomar algo?¿o comer algo?¿has merendado?-preguntó Rebeca.
-No, no quiero nada, gracias, me he comido un bocadillo hace un rato.
Iván no sabía cómo preguntarle por la visita de Basti, estaba convencido de que había salido de su casa, él le vió, pero no se atrevía a decir nada.
-Me ha preguntado Marian por tí.
-¡Oh, Marian!, estará liadísima, ahora ella sola tendrá que ocuparse de más cosas, mañana me pasaré por allí a verla.
-Yo no la ví tan liada, de hecho no estaba haciendo nada cuando llegué, no hace falta que vayas si no te encuentras bien.
Rebeca notó que su amigo estaba algo tenso ante el comentario que acababa de hacerle.
-¿Hay algo que yo no sepa? Tengo la sensación de que Marian no te cae muy bien.
-Y así es, es una persona muy desagradable, me mira de arriba abajo cuando voy y se extraña de que coja un libro.
-¿Cogíste un libro? Pero eso está muy bien, ¿para algún trabajo de clase?
-¿Ves? A ti también te sorprende que coja un libro porque sí, ¿es que no puedo coger un libro para leérmelo sin que me lo manden de clase?
-Sí, por supuesto que sí, pero no te enfades, ¿puedo saber qué libro has cogido?
-“La Historia Interminable”, la había visto en película, pero no la había leído.
-Buena elección, verás cómo te gusta, es muy interesante, tendrás que ir adentrándote en dos mundos paralelos, el de un muchacho que como tú, va al instituto y la historia que va leyendo a lo largo del propio libro, a mí me fascinó.
-¿Tú has leído el libro? Bueno, qué tontería, claro que lo has leído, trabajas en la biblioteca.
-Iván, eso no es motivo para haberme leído el libro, lo leí hace muchos años, creo recordar que hasta te lo comenté un día en el parque.
-No lo recuerdo, el libro ya me lo leí ayer, me dijeron que era más emocionante que ver la película.
-Vaya, un muchacho curioso, ya veo que te pudieron las ganas por comprobar si era cierto lo que te dijeron.
De repente, se oyó un ruido que procedía del pasillo, el sonido de una cerradura y unas llaves asustó al muchacho que rápidamente se puso en pie. Rebeca no pareció asustarse, es más, enseguida supuso quién podría ser y miró serenamente hacia la puerta.
-¿Eres tú, Basti?-preguntó.
Los ojos de Iván se abrieron como platos en cuanto pronunció aquel nombre.
No podía ser, Rebeca acababa de llamar a su nuevo amigo, el mismo que le aconsejó leer el libro y al que vió salir de casa de Rebeca.
-Sí, Rebeca, soy yo.
Basti apareció en la puerta del salón con una bolsa de deportes en la mano, se quedó mirando al muchacho y le sonrió.
-Vaya, Iván, qué grata sorpresa, ¿qué haces tú aquí?
-Yo, yo…- el chico no puedo mediar palabra, no sabía qué decir.
-Iván, no me habías dicho que conocías a Basti.
-Yo no sabía que tú le conocieras, no sabía que tuvieras novio-dijo el muchacho avergonzado.
Rebeca se rió, miró a Basti y éste no pudo evitar reírse también.
-No es mi novio, Iván, es mi hermano, Sebastián, o mejor dicho Basti, al que veo que no hace falta que te presente, ya os conocéis.
-Sí, así es, ya nos conocemos-dijo Basti.
-¿Y puedo saber cómo os habéis conocido?-preguntó Rebeca.
-El muchacho estaba triste sentado en un banco del parque, por la zona donde yo siempre suelo estar, cuando me acerqué, me contó que tiene una amiga que está enferma y que por eso… por eso….-Basti se calló mirando a Iván.
-¿Qué pasa, Basti?-le preguntó su hermana un tanto confusa.
-Por eso estaba triste, pero Iván, esa amiga tuya…-dijo Basti.
-¡Nada, esa amiga nada!, Rebeca, me voy, si te hace falta algo llámame.
-Pero Iván, ¿qué te pasa?-preguntó Rebeca sin entender nada.
-Está claro, hermanita, esa amiga por la que Iván está triste eres tú.
Iván se sonrojó, por un momento no sabía qué hacer, miró a Basti intentando encontrar parecido con Rebeca pero no se lo vio.
Basti era un hombre fortachón, mayor que Rebeca, con la voz grave y de pelo canoso, nada que ver con la dulce Rebeca, delgada, de manos finas y voz melodiosa, no podía creer que fueran hermanos, pero así era.
-Bueno, tengo que irme-dijo Iván.
-Iván, dile a tu madre que no hace falta que venga, esta noche me quedaré a dormir aquí para cuidar de Rebeca; ya bastante nos ha ayudado.
-¿Vas a dormir aquí?
-Claro que sí, ¿hay algún problema?
-No, pero yo mañana tengo que ir a trabajar.
-Mañana iré a la biblioteca y le diré a Marian que no puedes incorporarte aún, que no te encuentras bien, ella lo entenderá, ¡leches, que ha sido tu cuñada!, lo entenderá.
-¿Tu cuñada?-preguntó Iván sorprendido.
-Ah, sí, no te lo había dicho, Marian estuvo casada con Basti, ya están separados pero se aguantan, poco, pero se aguantan-dijo Rebeca sonriendo.
-¿Sabes lo que pasa, muchacho? No es mala mujer, pero es muy cabezota y tiene mucho genio.
-Te creo, te creo, cuando me mira a los ojos me pone muy nervioso.
