Basti no pudo evitar echarse a reír al escuchar a Iván decirle aquello.
-Bueno, tengo que irme, mi madre se extrañará de que llegue tan tarde, es casi la hora de cenar.
-Pásate mañana a vernos, ¿vale?, puedes comer con nosotros.
-Vale, se lo diré a mi madre.
-Bien, te esperaremos y por tu madre no te preocupes, yo la llamo ahora-le dijo Rebeca sonriente. Iván se marchó contento a casa sabiendo que al día siguiente comería con Rebeca y con el hermano de ésta. Cuando llegó, lo primero que hizo fue dirigirse al salón en busca de Marta, ésta estaba viendo un concurso de la televisión. Iván quiso hablarle de la invitación de su amiga Rebeca, pero Marta se adelantó.
-Por lo visto, mañana tienes una cita con tus nuevos amigos, ¿no es así, jovencito?-le miró Marta sonriente.
-Ya veo que te lo han contado, podían haber esperado a que yo te lo contara primero.
-No te enfades, lo hicieron con la mejor intención, esa chica te tiene mucho cariño.
-¡Qué tontería!¿por qué dices eso?-preguntó Iván quitándole importancia.
-A veces no hace falta que nadie diga las cosas para verlas, eso se nota, Rebeca habla maravillas de ti.
-Bueno, trabaja en la biblioteca, cualquier niño le caerá bien, ¿sabes que van colegios enteros a visitarla?
-Sí, lo sé, pero eso no significa que todos le caigan bien ni que se encariñe con todos.
-No se ha encariñado conmigo-dijo Iván algo molesto.
-¿Tan grave es que esa mujer te aprecie, hijo?
-No, supongo que no- dijo Iván agachando la cabeza algo avergonzado por su actitud.
- Voy a hacer la cena, ya va siendo hora-dijo Marta incorporándose en el sillón en el que estaba recostada.
Ambos cenaron y después de ver durante un rato la televisión, se fueron a sus respectivas habitaciones. El día amaneció nublado y a pesar de estar en primavera, la temperatura era algo fría y fuera apenas había luz. A Iván le costó mucho levantarse de la cama, era bastante perezoso en días tan tristes y solía taparse entre las sábanas para que la poca claridad que había no llegara a sus ojos. Marta tuvo que entrar por dos veces en la habitación a despertarle y la segunda vez lo hizo de forma algo más ruidosa que la anterior.
-¡Despierta, Iván, vas a llegar tarde!
-¡Ya voy, pesada, ya voy!-dijo Iván de mala gana.
Marta al ver que seguía sin moverse, tiró de las sábanas arrastrando al muchacho al suelo, hasta que quedó completamente estirado en la alfombra que cubría el lado de la cama.
-¡Ay!, jo, mamá, qué daño, déjame dormir un poco más.
-¡Exagerado! si has caído sobre la colcha, levántate ya.
-Ya voy, ya voy.
Cuando por fin Iván se levantó, se vistió y desayunó, cogió su mochila y se despidió de Marta para irse al instituto. Marta sabía que Iván estaba nervioso, deseaba ir a comer a casa de Rebeca y la mañana se le haría larga. Llegó a clase y su primera asignatura fue matemáticas, algo que no le gustaba mucho pero que por ser un día tan especial, podía soportar de mejor grado. Mientras, en casa de Marta, las cosas estaban tranquilas, se estaba terminando de poner la chaqueta cuando sonó el teléfono.
-¿Sí, dígame?-preguntó Marta, que no reconoció el número del que la llamaban.
-¿Marta?¿Marta? Soy Basti, el hermano de Rebeca, ¿te pillo en mal momento?-preguntó algo alterado.
-Bueno, me disponía a salir, voy al trabajo, ¿sucede algo?
-Disculpa mi intromisión, pero ¿no trabajas en el hospital?
-Sí, sí, pero…bueno, supongo que te lo ha comentado Rebeca.
-No tengo mucho tiempo; Rebeca me pidió que te llamara si sucedía algo, estamos en el hospital, te espero aquí entonces.
-¿En el hospital?¡Basti, ¿qué ha pasado?!- preguntó Marta un tanto nerviosa.
-Verás, Rebeca…es Rebeca, no sé qué le pasa, estábamos a punto de irnos a dormir y ella, ella se desplomó, tuve que llamar a una ambulancia.
-Pero Basti, ¿de iros a dormir?¿pasó anoche y no me llamaste?
-Marta, yo no sabía qué hacer, estaba asustado y fue aquí en el hospital cuando Rebeca me dijo que te llamara, tu teléfono lo encontré en su bolso-dijo Basti.
-¡Voy para allá!, ahora te veo-Marta colgó sin darle tiempo a Basti a despedirse de ella.
Basti fue a la sala de espera a sentarse un poco, aunque estaba tan nervioso que apenas duró en aquella silla.
Se levantó, dio vueltas por la sala y cada médico o persona que veía con bata blanca, se paraba a preguntarle. Una de las enfermeras tuvo que pedirle que se tranquilizara, le llevó al otro lado de la sala y le pidió que se sentara, que ya le avisaría si se enteraba de algo. Marta llegó a las nueve menos cuarto y fue directa al mostrador de atención al cliente para preguntar por su amiga.
