-Buenos días, Elena, ¿podrías decirme si está ingresada una tal Rebeca?
-Marta, necesito saber el apellido, sabes que si no es muy difícil saberlo.
-No sé su apellido, pero mira a ver en los enfermos de cáncer, la ingresaron anoche, pero no sé la hora.
-Sandra, Carmen, Esther, Rebeca…. Aquí hay una, bueno, la única Rebeca, sí, aquí está, ingresó a las doce y media de la madrugada, pero no dejan entrar a nadie, está muy mal, ¿la conoces mucho?
-Lo suficiente para saber que no se lo merece.
Por un momento, Marta no sabía qué hacer, tampoco sabía cómo era el hermano de Rebeca y la sala estaba llena de gente, era difícil averiguar quién podía ser.
-¡¡FAMILIARES DE REBECA GÓMEZ, acudan a recepción!!-gritaron por megafonía. El hombre fortachón del fondo de la sala, se levantó y se dirigió al mostrador para informarse, Marta le observó y se quedó escuchando.
-Soy hermano de Rebeca Gómez, dígame, ¿cómo está?
-Su hermana está muy débil, ha perdido mucha sangre, vamos a dejarla en observación.
-Marta se levantó y se dirigió a Basti, cuando éste terminó de hablar con la enfermera.
-Perdone, ¿es usted hermano de Rebeca?
-Sí, señora, Sebastián, pero llámeme Basti, ¿la conozco?
-No personalmente, soy Marta, amiga de Rebeca.
-¡Oh, Marta! Claro, debí imaginarlo, encantado-dijo Basti estrechando su mano.
-Acabo de oírle, cuidaré que no le falte de nada-dijo Marta.
-Por favor, no me hables de usted, te lo agradezco, Marta.
La mujer fue a cambiarse, ya estaba en su horario laboral y debía atender a los pacientes. Basti estaba confuso, no sabía si quedarse, la cosa se iba a alargar y aunque en su trabajo sabían lo sucedido, él no hacía nada allí parado, no podía entrar y quedarse quieto le consumía aún más. Decidió dejarle su número a Marta y a la señorita de recepción por si pasaba algo. A lo largo de la mañana, no tuvo ninguna llamada, algo que le preocupó hasta tal punto que llamó a Marta tres veces para comprobar que todo estaba igual. Basti estaba tan inmerso en la situación de su hermana que no se acordó en ningún momento de Iván. El muchacho salió del instituto y fue a casa de Rebeca a comer, tal y como había hablado con su madre.

Llamó varias veces, pero fue inútil, nadie contestó; justo cuando iba calle abajo hacia su casa se encontró con Basti.
-Hombre, Iván, tú por aquí, ¿qué tal, muchacho?
-¿Que qué tal? Fui a casa de Rebeca, me habíais invitado a comer y no había nadie, me voy a comer a casa-dijo Iván enfadado.
-Iván, espera, tu madre no está en casa, vamos, te invito a pizza y te cuento.
-¿Por qué no está mi madre en casa?
-Te lo contaré en casa, pero no te preocupes que tu madre está bien, sólo que vendrá más tarde.
Los dos amigos fueron a casa de Rebeca y pidieron una pizza, Basti le contó lo sucedido al muchacho mientras esperaban e Iván se quedó triste después de escucharle. Una vez acabaron de comer la pizza, Iván quiso ir a ver a Rebeca, algo que aunque Basti entendía, no podía permitir porque no sabía en qué estado se encontraba su hermana.
-Haremos una cosa, ahora te irás al instituto y a la salida te espero para ir juntos a ver a Rebeca, ¿te parece bien la idea?
Iván dudó un momento, pero como no quería discutirlo dada la situación, asintió y se levantó para coger su mochila.
-Vamos, muchacho, sonríe un poco, Rebeca es fuerte y pronto estará en casa-intentó animarle Basti.
-Pero no te olvides de venir a buscarme, ¿sabes dónde está mi instituto?
-¿Lo dudas? Rebeca no ha dejado de contarme cosas sobre ti, claro que sé cuál es tu instituto, seré puntual, no te preocupes, además si no tienes inconveniente me gustaría acompañarte, así me dará un poco el aire. En realidad, Basti quería acompañarle para que el chico no fuera sólo, ya que le notaba bastante decaído.
-Vale, vamos, así luego no te pierdes para venir a buscarme, pero que no se te olvide.
-¡Cuántas veces me lo vas a repetir! jajajaja, entiendo tu impaciencia, pero verás cómo se te pasa rápido este tiempo, son sólo dos horas y estaré de vuelta contigo.
Los dos amigos fueron hablando por el camino y se despidieron en la puerta del instituto; enseguida acudieron Diego y Nacho a preguntarle quién era el hombre que estaba con él. Iván, como si de un héroe se tratara, estuvo hablándoles de Basti hasta que llegaron a la puerta de clase y se dispersaron para sentarse en sus respectivas mesas. Basti volvió al hospital y buscó en la sala a Marta para saber qué tal estaba su hermana, ni rastro de ella; se acercó al mostrador de recepción y la señorita ya no era la misma de por la mañana, seguramente por el cambio de turno.