-Disculpe, ¿podría informarme sobre Rebeca Gómez?, está ingresada desde anoche.
-Perdón, caballero, es usted algún familiar de la paciente?
-Claro, por eso le pregunto, ¿dónde está ella?
-Espere un momento y ahora se lo miro-dijo poniéndose al teléfono; la recepcionista entablaba una conversación con algún conocido en la que se reían y no dejaban de hablar.
-¡Perdone!¡Perdone! Lo que le estoy preguntando es una urgencia y no creo que su trabajo sea de risa, ni mi hermana está aquí ingresada por nada gracioso, ¡haga el favor de escucharme!-Basti comenzaba a perder los nervios ante la tranquilidad y la pasividad de la señorita.
-¡Eh, amigo!, ¿no ve que estoy hablando? ¡compórtese!
Basti comenzaba a perder la calma y justo cuando se dirigía a pasar al otro lado del mostrador, se acercó Marta, agarrándole por el brazo.
-Basti, por favor, cálmate-le rogó Marta.
-Pero Marta, ¿no ves que se está riendo de mí?, le acabo de preguntar por Rebeca y ha pasado de mí.
-Ya veo, Ester, por favor, haz el favor de acabar la conversación.
-Sí, sí, voy enseguida-dijo dirigiéndose a la persona que había al otro lado del teléfono-Mario, ya hablaremos, tengo que dejarte, adiós.
-Ester, que no nos molesten, estaré en el despacho con el señor Gómez-le pidió Marta a la recepcionista al tiempo que tiraba del brazo de Basti.
-¿Marta?¿Qué pasa?
-Siéntate, por favor, debo decirte algo.
Marta tenía la cara descompuesta, como si hubiera pasado una mala noche, sus ojos eran señal de haber llorado y sus manos temblaban. Basti se sentó sin dejar de observarla, quería preguntarla pero algo intuía ya y temía acertar si hablaba; esperó a que lo hiciera ella.
-Basti, yo…-Marta cogió las manos del hombre.
-Marta, es Rebeca, ¿verdad?¿ha empeorado?
-Rebeca, Becky…ha muerto-dijo echándose a llorar.
-¿Muerto?¿Rebeca? No puede ser, Rebeca es muy fuerte, es imposible.
-Basti, lo siento, estuve con ella todo el tiempo, tenía muy mala cara, ni siquiera se quejó, estaba muy débil, cerró los ojos y sus manos se quedaron frías, esa maldita máquina empezó a descontrolarse, sus pulsaciones… sus latidos dejaron de oírse, yo, yo… Basti, lo siento.
-Marta, tú no tienes la culpa-dijo secándose las lágrimas.
-Pero yo estaba ahí y no pude hacer nada para que se quedara, murió en mis manos.
-Vaya, te tendría que consolar yo a ti, no tú a mí-dijo Marta sintiéndose culpable.
-Marta, sé que lo sientes tanto como yo, ¡Oh, no! No me acordaba, tengo que ir a por Iván, he quedado con él para venir a ver a Rebeca, ¿cómo se lo voy a decir?
-¿Quieres que vaya yo?-preguntó Marta.
-Creo que será mejor que vaya yo, he quedado con él y si te ve a ti se extrañará.
-¡Pero tendrás que decírselo!
-Sí, pero con tacto. Marta, déjame que me lleve a Iván y se lo diga.
-De acuerdo, lo dejo en tus manos.
-¿Dónde está Rebeca ahora?
-Luego la trasladan al tanatorio, está cerca de aquí, mañana la entierran, ahora no nos dejan verla.
-Marta, no puedo creer que haya pasado esto, a Rebeca, mi Rebeca-Basti se echó las manos a la cabeza y no pudo evitar echarse a llorar de nuevo.
-No estás en condiciones de ir a por Iván, deja que lo haga yo.
-No, Marta, le prometí que iría y voy a ir.
-Como quieras, si necesitas algo estaré en casa, voy a ducharme, luego iré al tanatorio, pasaré allí la noche-dijo Marta.
-No hace falta que pases allí la noche.
-Sí hace falta, claro que hace falta- dijo Marta algo alterada.
-Está bien, no te haré cambiar de idea, pero cálmate-dijo sonriéndole algo forzado para tranquilizarla.
-Nos vemos luego, suerte con Iván-concluyó Marta.
La mujer salió del hospital camino de su casa y Basti se dirigió al instituto, aún tenía tiempo para pensar cómo se lo diría a Iván. Se paró delante de una pastelería y entró a comprar una palmera de chocolate. Cuando llegó al instituto, todavía tuvo que esperar un poco hasta ver salir a Iván con sus dos amigos Nacho y Diego. Se despidió de ellos antes de llegar donde se encontraba Basti. Éste le saludó efusivamente, como si nada pasara.
-¿Qué tal, muchacho?¿Cómo te fue la tarde?-sonrió tímidamente.
-Bien, muy bien, estaba deseando salir ya, tengo ganas de ver a Rebeca.
-Toma, te he traído una palmera, espero que te guste.
-Sí, me encanta y más si es de chocolate, gracias, Basti.
-No es nada, muchacho, me alegra que te guste, ¿te apetece que demos un paseo?
-Basti, quiero ir al hospital a ver a Rebeca, ¿recuerdas?
-Sí, pero primero demos un paseo.
-No, no quiero pasear, quiero ver a Rebeca.
-¡Demos ese paseo!-insistió Basti.
-¡No voy a ninguna parte!¡Quiero ver a Rebeca!
-¡Qué testarudo eres! No podemos ir al hospital.
Iván notó cierto enfado en Basti y eso le hizo sospechar aún más que algo pasaba.
-¿Por qué no podemos ir?
-Porque Rebeca ya no está allí.
-¡Bien!¿ya la han mandado a casa?¿ya está mejor? pues vamos a verla a su casa.
-No, Iván, no está mejor, Rebeca ya no está con nosotros.
-¿No?¿Está…está…muerta?¿Rebeca ha muerto?¿es eso lo que me quieres decir?
-Sí, Iván, estaba muy mal, murió esta mañana.
-Pero si me dijiste que era muy fuerte.
-Y lo era, pero a veces las cosas no salen como uno quiere. Sólo quiero que sepas que ella te quería mucho.
-¡Eso no es verdad!¡Si me quisiera no se habría marchado!-dijo Iván con rabia.
-No digas eso, ¡maldita sea!, claro que te quería, no es culpa suya morirse, no vuelvas a decir eso, ¿me oyes?-le dijo Basti enojado.
Iván se dio cuenta de que su amigo lo estaba pasando verdaderamente mal y que le costaba mucho contener las lágrimas, era su hermano y era lógico que él estuviera sufriendo también por ella.
-¡Perdóname! No quería decir eso, pero, ¿por qué ella?¿por qué se ha ido?
Basti abrazó a Iván intentando consolarle mientras éste lloraba sin parar.
-Vamos a dar un paseo, sentémonos en el parque.
-No he podido despedirme de ella, no me ha dado tiempo de decirle que la quería, no me dio tiempo.
