-Ella lo sabía, ¿dudas que sabía lo mucho que la querías?, ella me lo dijo.
-¿De verdad?¿Y qué más te dijo?-preguntó Iván con mucho interés.
-Dijo que eres un gran chico, que sacas muy buenas notas y que sabes escuchar a la gente.
-Pero eso no lo sabe nadie.
-Pero ella sí, si algo sabía Rebeca era observar a las personas que tenía delante y a ti te prestaba mucha atención, le preocupas, te cogió mucho cariño.
-¿De verdad?-preguntó el chico de nuevo.
-Pero bueno, ¿cuántas veces me vas a preguntar lo mismo?, claro que es de verdad, ¿por qué iba a mentirte?
Cuando llegaron al parque, pasaron el rato callados, sentados en el banco, mirando al suelo.
-Te acompaño a casa, debo ir al tanatorio, no puedo dejar que tu madre vaya antes que yo, no sería justo.
-Quiero ir contigo, déjame que me despida de ella.
-Pero Iván…-Basti le miró pensativo.
-Quiero ir, por favor, déjame ir, quiero verla por última vez.
Basti ante la súplica de Iván, no pudo negarse, el muchacho realmente necesitaba estar allí para despedirse de su amiga. Ambos fueron en busca de Marta y aunque a ella no le parecía bien que Iván fuera con ellos, tampoco se lo pudo negar, sabía lo que eso significaba para él. Cuando llegaron al tanatorio, el féretro al descubierto de Rebeca impactó a Iván, que provocó que éste llorara sin consuelo al ver a su amiga en aquel estado.
-Mamá, está muy pálida, ¿es normal que esté así?, tiene un color raro.
-Cariño, es normal, créeme, casi preferiría que te quedaras con su recuerdo de aquellas tardes del parque.

Marian se acercó a dar el pésame a Basti, su ex marido, con el que tenía una relación cordial y al que quería arropar en un momento así, ya que ella siempre se había llevado bien con Rebeca, a pesar de las diferencias que habían tenido en el pasado. Además habían sido compañeras de trabajo y eso las había unido mucho, aunque no acostumbraban a quedar mucho, sí que se respetaban y se tenían cariño.

Allí se encontraban amigos y compañeros de trabajo de Rebeca, también habían ido Diego y Nacho porque Iván se lo contó en cuanto llegó a casa por teléfono, a escondidas de Marta. Sobre las nueve de la noche se fueron todos a casa, excepto Iván, Basti y Marta, que se quedaron ante el cristal que protegía el féretro. Los tres estaban agotados y la mujer encargada del velatorio les avisó de que Iván era menor y no podía permanecer allí más tiempo.
-Marta, ¿seguro que quieres quedarte?
-Sí, Basti, iros a casa, estaré bien, prefiero que te vayas con Iván.
-Bien, si necesitas algo, por favor, llámame.
-Lo haré, no te preocupes, tenéis comida en el frigorífico, no os acostéis sin cenar.
La noche fue tan pesada como silenciosa, ya que no se oía a nadie en todo el recinto salvo a la encargada que a media noche pasó a preguntarle a Marta si necesitaba algo. Se durmió un rato en un sillón plegable que habían sacado para la ocasión, pero era algo incómodo y con las emociones del día, Marta no pudo pegar ojo las horas siguientes. El entierro se celebró a las diez de la mañana, Iván no fue al instituto y su madre se lo permitió dada la importancia que tenía para su hijo aquel acontecimiento. Al finalizar el entierro, Iván cayó en el suelo al ver que no volvería a ver a Rebeca, ahora sí que lo tenía claro, ahora ya no había vuelta atrás. Marta se acercó para intentar consolarle, pero entendía que era mejor dejarle, ya se le pasaría, pero no era momento de calmarle, sino de dejarle con sus recuerdos.
-Iván, vámonos, se acabó, vámonos-dijo Basti con voz calmada y resquebrajada de dolor.
-Llora, llora tú también, sé que te duele, llora, era tu hermana, tú también puedes llorar.
-Iván, vámonos-Basti dio media vuelta al tiempo que sus mejillas se llenaban de lágrimas.
De repente sintió que alguien le cogía de la mano, se giró y vio a Iván secándose la cara con la manga de la camiseta.
-Vamos, jovencito, me tienes a mí y te va a costar librarte de este pesado.
Iván no pudo evitar sonreír, tenía un nuevo amigo y lo mejor era saber que era hermano de su mejor amiga, aquella a la que no olvidaría.
-Ven, muchacho, quiero contarte algo, vamos al parque.