Iván le miró sorprendido, el tono de voz de Basti había cambiado, ¿pero qué querría contarle?
-Verás, me gusta mi trabajo de barrendero, pero nunca te he contado que yo antes era camarero y me gustaba servir a la gente.
-No me lo habías contado?, pero, ¿eso qué significa? ,¿te vas a ir de aquí?
-¡No!, no me voy a ninguna parte, es más, me quedo en casa de Rebeca, pero he pensado que quiero llevar mi propio negocio.
-¿Negocio?¿de qué?-preguntó Iván atento.
-Una cafetería estaría bien, una que estuviera cerquita, que fuera limpia, acogedora y que tuviera bonitos recuerdos.
-¿De qué estás hablando?
-Rebeca me contó que cuando conoció a tu madre quedó con ella en la cafetería El Ángel y bueno, en estos días estuve hablando con el dueño, alquila el local y a mí me gustaría llevarlo, sólo me falta el nombre.
-¿El nombre?¿Qué nombre?
-El nombre de la cafetería, muchacho, quiero cambiarle el nombre para hacerlo propio.
-Cuando iba al parque y veía a Rebeca de espaldas dando de comer a las palomas, siempre pensaba que parecía un ángel sin alas. A veces le daba el sol y los reflejos formaban una especie de aureola alrededor de ella, parecía un auténtico ángel y ahora estoy seguro de que lo era.
-Sigue, muchacho, creo que me estás intentando decir algo.
-No te enteras, Basti, la cafetería se llama “El Ángel”, ¿y por qué no en lugar de borrar ese nombre lo terminas escribiendo “de Rebeca”?
-Vaya, ¡qué imaginación!, no se me había ocurrido, “El Ángel de Rebeca”, muchacho, con razón decía mi hermana que eras inteligente.
-¿Decía eso?-Iván se ruborizó.
-Claro, para Rebeca eras su niño.
Iván sonrió ante las palabras de Basti. Los dos se levantaron y fueron a contárselo a Marta. A ésta le encantó la idea y la pusieron en práctica enseguida, a los dos meses, la cafetería ya estaba llena de gente, que quería visitar el lugar favorito de Rebeca. La gente en la calle hablaba de cómo había cambiado la cafetería, Basti puso dos palomas de porcelana en la puerta en honor a su hermana.

Marta inventó una crema de verduras con el nombre de Rebeca, que a la gente le gustaba mucho. Desde entonces la biblioteca se llenaba a diario de niños queriendo leer libros de todos los géneros y en especial de historia, aunque los había que se decantaban más por la poesía, pero todos igual de interesados por la lectura. Basti se hizo muy amigo de Marta, algo que gustó a Iván e hizo que empezaran a verse más, lo que propició que comenzaran a salir formalmente. Iván empezó a ser feliz, salía con sus amigos, veía a Basti a diario y nunca faltó una rosa blanca en la tumba de Rebeca, a la que visitaba cada tarde. El muchacho la llevaba frecuentemente un libro y le hablaba del contenido del mismo y miraba la foto que Basti había dejado allí para recordarla. Pasaba un largo rato sentado junto a ella y se iba contento sabiendo que volvería al día siguiente para contarle cosas nuevas.
FIN