-Buenos días, joven, ¿qué deseas?
- Yo, yo…- Iván no sabía qué decir.
-Marian, ya me encargo yo del muchacho-dijo mirando a Iván.
Él agachó tímidamente la cabeza.
-Dime, joven, ¿qué deseas?-preguntó Becky guiñándole un ojo.
-Quería… bueno, es que yo… -Iván agachó aún más la cabeza, no sabía qué decir.
-Ayer te estuve esperando, pensé que vendrías como cada tarde, me equivoqué- dijo Rebeca decepcionada.
-Perdona, yo quería ir pero no me esperaba que tú…
- ¿Qué yo qué, Iván?- preguntó Becky cortándole al joven.
-Que estuvieras aquí, nunca me dijiste nada.
-Ya me dí cuenta de que no querías que tus amigos me conocieran, no quisiste presentarme a ninguno.
-Eran muchos, Rebeca, no había tiempo.
-Iván, yo soy solo una, podías haberles dicho que soy tu amiga, a no ser que no me consideres como tal.
-Sí, claro que sí, eres mi amiga.
-¿Y por qué no quieres que nadie me conozca? ¿tan raro es que hables conmigo?¿puedo preguntarte algo?
-Sí, claro- respondió Iván algo triste.
-¿Tu madre sabe que existo?¿le has hablado de mí? Yo te responderé, seguro que no.
-¿Tan importante es que te conozca? Yo te conozco, lo demás da igual.
-No, no da igual si luego reniegas de mí cuando vienes de visita con tus compañeros de clase.
Rebeca estaba tan enojada que apenas quiso mirar al muchacho, se dio media vuelta y solo giró la cabeza para despedirse.
-Y si tanto te avergüenzas de tener una amiga de mi edad, entonces no deberías hablar conmigo, jovencito, buenos días. Iván se quedó perplejo escuchando a Rebeca, sabía que estaba enfadada, pero no tanto como para ver cómo se marchaba y oír esas palabras tan duras procedentes de ella. Iván salió de la biblioteca cabizbajo y con mirada triste, fue algo rápido camino del instituto porque ya se le hacía un poco tarde.

 En clase estuvo absorto pensando en la discusión que había tenido con su amiga Rebeca y esto provocó que el profesor al preguntarle la lección y no supiera contestarle, le regañara y le mandara al despacho del director.

-¿Dónde vas, jovencito?¿no te olvidas de algo?- preguntó enfadada.
-No, mamá, llevo todo, ya cogí el bocadillo y llevo los libros.
-Ven aquí y dame un beso.
Marta le seguía tratando como si aún fuera pequeño, aunque a él le gustaba sentir el cariño de su madre, sólo que esta vez no reparó en ello. En cuanto Iván salió por la puerta, Marta se puso la chaqueta, cogió su bolso, esperó unos minutos y salió calle abajo. Llegó a la puerta de la biblioteca, se detuvo un momento y se quedó algo pensativa antes de entrar. Eran las nueve y media, buena hora para que la biblioteca estuviera tranquila; pasó y encontró un enorme mostrador en el que se encontraba una mujer de unos cuarenta años con la cabeza agachada ojeando un libro que tenía en sus manos. Marta se dirigió a ella y esperó a que la mujer levantara la cabeza, algo que hizo en cuanto notó su presencia.

Éste le entregó una nota que debía darle a su madre, era una llamada de atención, algo que no suponía mucho sino volvía a producirse pero que sumada a otras dos podría suponerle la expulsión del instituto.
Cuando Iván llegó a casa, encontró a su madre en la cocina preparándole la merienda, un bocadillo que él solía comer casi cada tarde cuando venía directo del instituto.
-Hola, cariño, ¿qué tal te ha ido el día?-preguntó su madre sonriente como cada tarde.
-Mamá, toma- Iván alargó el brazo y le dio la nota a Marta, su madre.
-¿Qué es esto, Iván?-le preguntó mientras abría el sobre.
-Léelo y deja de preguntar.
-¡Iván, no me hables así!- Marta agachó la mirada y comenzó a leer en voz baja.
-Mamá, me voy a mi habitación.
- No, jovencito, tú no vas a ninguna parte. ¿qué es eso de que no contestas al profesor y que estás en otra cosa?¿qué te pasa, Iván?
-Nada, mamá, que los profesores me tienen manía.
-Vaya, sólo me faltaba oír eso, ¿no tendrá algo que ver con lo que haces por las tardes?
-¿El qué?¿yo?- Iván no sabía que su madre sospechaba algo de sus salidas al parque.
-Iván, ¿dónde vas cuando llegas tarde del instituto?¿crees que no me he dado cuenta?
-A ninguna parte, mamá.
-A alguna parte irás cuando por aquí no apareces. ¿Qué está pasando?
Iván estaba callado, andaba de un lado a otro de la cocina sin rumbo fijo, dio varias vueltas y tras unos minutos, cogió la silla y se sentó, Marta le miraba expectante esperando una respuesta.
-Cuando salgo del instituto voy al parque a ver a Rebeca, una amiga.
-Vaya, ¿te has echado novia y no te atrevías a contármelo?
-Mamá, no es una novia, es una amiga.
-Bueno, llámalo como quieras. ¿Y desde cuándo os véis?
-¡Mamá! que no es mi novia.
-¿Tanto te molesta que lo sea? Si no pasa nada, Iván, yo la acepto igual.
-No lo entiendes, tiene cuarenta años, no es mi novia.
-¡Ups, vaya! Ahora sí que me has dejado de piedra. ¿Y se puede saber qué haces tú yendo a ver a esa mujer al parque? Puede ser peligrosa.
-No lo es, mamá, no digas tonterías, es una mujer muy culta, sabe de todo y
me cuenta muchas cosas de cuando era pequeña, aprendo mucho de sus historias.
-¿Y ese es el motivo por el que te han regañado? Supongo que sí, ¿no?
-Sí, mamá, porque no prestaba atención, es que hoy se enfadó conmigo y creo que no quiere volver a verme.
-¿Y qué necesidad tienes tú de verla?
-Es mi amiga, mamá, te guste o no.
-Y si esa mujer está en el parque, ¿es que no trabaja?
-Sí, claro que trabaja, en la biblioteca, mamá y lo descubrí hace dos días cuando fuimos toda la clase de visita.
-Vaya, entonces ya la conocen tus amigos también, eso ya me parece mejor.
-No, mamá, mis amigos no saben que la conozco, no he dicho nada.
-¿Y por qué no?¿no se la presentaste a tus amigos?
-No, mamá, por eso Rebeca ahora no me habla.