-Bien, sigue convencido de que no le hablo ó bien está enfadado conmigo.
-Creo que más bien se siente culpable, se avergüenza de verte porque sabe que actuó mal-dijo Marta.
-Si eso es así, no quiero que tenga esa idea.
Mientras Marta y Rebeca hablaban, por la calle pasaban dos muchachos que, sorprendidos, miraban por la ventana y observaban a las dos mujeres. Se trataba de Diego y de Nacho, amigos de Iván, que se dirigían a su casa para hacer los deberes.
Cuando llegaron a su casa, no pudieron callarse y se lo contaron a Iván.
-¿A que no sabes a quién acabamos de ver?- preguntó Diego.
-Ni idea, cuenta, ¿es del instituto?
-No, pero la conoces muy bien.
-No sé quién puede ser, dímelo, sabes que no lo voy a acertar-dijo Iván.
-A tu madre, hemos visto a tu madre-contestó Nacho.
-Pues vaya sorpresa, normal, ha salido a comprar.
-Sí, pero no estaba sola-añadió Diego.
-Se habrá encontrado con alguna vecina ó será un vecino.
-Es una mujer, adivina quién.
-Venga, dejaros ya de tonterías y decirme con quién estaba- dijo Iván enfadado.
-Estaba con la mujer de la biblioteca, ¿te acuerdas de la que estaba en la biblioteca? Pues estaban tomando café en la cafetería El Ángel, parecía que se conocían.
-No puede ser, no se conocen, es imposible-dijo Iván desconcertado.
-Se me ocurre algo, ¿quieres que vayamos allí y lo ves con tus propios ojos?
-Sí, vamos.
Los tres muchachos salieron enseguida de casa camino de la cafetería; cuando llegaron, vieron que la mesa que había estado ocupada por las dos mujeres estaba vacía.
-Estaban ahí, Iván, ahí mismo, nosotros las vimos.
-Serían dos mujeres parecidas.
-No, Iván, era tu madre-recalcó Diego.
Los chicos volvieron a casa con Iván para hacer el trabajo que aún tenían pendiente.
Cuando terminaron, se fueron y éste se quedó escuchando música en su habitación; esperó a que llegara su madre y en cuanto oyó la puerta, salió a recibirla.
-Mamá, ¿de dónde vienes?
-De comprar unas cosas, hijo, ¿te pasa algo?- Marta notó algo raro en Iván.
-Mamá, ¿con quién has estado?
-¿A qué viene esa pregunta? Estuve comprando, no estuve con nadie.
-¿Seguro, mamá?-insistiendo el chico.
-Iván, te he dicho que no he visto a nadie.
Iván se fue a su habitación y no salió hasta la hora de cenar, ninguno de los dos medió palabra en la mesa; Marta le estuvo dando muchas vueltas a la pregunta de su hijo.
Al día siguiente, como cualquier otro viernes, Marta fue a despertar a Iván a su habitación. Iván se levantó sin decir nada, se vistió y fue a desayunar, sólo hubo silencio. Marta esperó a que se fuera su hijo al instituto para ponerse la chaqueta, había quedado con Rebeca para su primera sesión de quimioterapia.

Cuando llegó al hospital, Rebeca esperaba impaciente en la puerta.
-¡Marta, has venido!
-Claro que he venido, no quiero que estés sola en esto, vamos, pasa.
-Marta, gracias por tu amistad-dijo Rebeca.
-Verás cómo no me das las gracias cuando tengas que invitarme a merendar-bromeó Marta. Rebeca sonrió y las dos mujeres entraron en el hospital, Marta no se separó de su nueva amiga ni un momento; tras recibir su primera sesión de quimio, cogieron un taxi de vuelta, Rebeca estaba muy decaída y estaba bastante cansada. Rebeca se quedó echada y Marta se fue preocupada, su amiga le había dado un juego de llaves por si tenía que entrar en cualquier momento.

Llegó a casa y le dio tiempo a quitarse la chaqueta y recoger un poco antes de que Iván llegara a casa del instituto. Iván no podía más y se dirigió a la cocina para hablar con su madre.
-Mamá, hoy he pasado por el parque y no he visto a Rebeca.
-Bueno, tendría cosas que hacer, ya la verás.
-¡Mamá!¡Vale ya! Diego y Nacho me dijeron que te habían visto con Rebeca en El Ángel.
Marta le miró ante la expectante mirada de su hijo, no sabía qué responder.
-Mamá, ¿es cierto?¿tú la conocías?¿qué pasa?¿por qué no va al parque?¿no quiere verme?
Iván se fue a su habitación, vio que su madre no estaba dispuesta a contestarle, Marta fue tras él y llamó a su puerta.
-Mamá, déjame, os vieron y sé que pasa algo.
-Iván, abre la puerta.
Marta, con semblante serio entró en la habitación y se dirigió a Iván.
-Iván, siéntate, por favor.
Cuando el muchacho se sentó, Marta hizo lo mismo, sentándose a su lado.
-Verás, Iván, es cierto, Rebeca y yo quedamos para tomar café. Ella no está enfadada contigo.

-¿No?¿Y por qué no va al parque?¿No quiere verme?¿Y de qué la conoces?
-Yo fui a verla a la biblioteca, me tenías preocupada y quería conocerla, es una mujer encantadora y muy luchadora.
-¿Muy luchadora? Si no la conoces.
-Lo poco que sé de ella es suficiente para ver lo fuerte que es.
-¿Qué pasa, mamá?-preguntó Iván preocupado.
-Verás, a Rebeca le gustaría mucho verte, me consta que te tiene mucho cariño pero debo decirte algo.
-¡Mamá!¿por qué te pones tan seria?
-Mira, Rebeca no está bien y va a pasar un tiempo hasta que pueda ir al parque, al menos por ahora no irá.
-¿Por qué? ¿de qué hablas?
-Rebeca…(hubo un silencio) tiene cáncer y hoy fue su primera sesión de quimioterapia.