-Cambia la rosa del jarrón, Iván- solía decirle con una ligera sonrisa al verle entrar con la flor en la mano.Iván hacía todo lo que Rebeca le pedía: le traía la compra, su bata, la comida, le daba el mando de la tele….todo se le hacía poco para contentar a su amiga. Una mañana, Iván se levantó algo más apagado que de costumbre, él se había acostumbrado a contarle a su amiga todo aquello que le preocupaba, pero en esta ocasión, sabía que no podía hacerlo. El muchacho tenía miedo de que algo grave le pasara, sentía pavor por perder a su amiga, se daba cuenta del cariño que la estaba cogiendo y no le parecía justo que pudiera pasarle nada a alguien como ella, tan especial para él. Iván esa mañana no pasó por la cocina, ni tan siquiera se despidió de su madre, salió más temprano de lo habitual y fue directo al parque. Se sentó en el banco de siempre, miró a su alrededor y solo vio pasar a dos hombres que hacían footing e iban hablando entre ellos. No pasaron más de veinte minutos cuando el banco se llenó de palomas, todas ellas cabizbajas, mirando al suelo. Alguna revoloteaba un poco más alejada, sobre un pedazo de pan, picoteando de vez en cuando queriendo desmigajar la parte más blanda.
Iván miró de nuevo a su alrededor y cuando se hubo asegurado de que no había nadie, rompió a llorar.
-Muchacho, ¿no crees que es muy pronto para que me ensucies el suelo del parque?- le preguntó una voz.
-¿Ensuciar?-Iván se limpió las lágrimas-Señor, las lágrimas no ensucian.
-Lo sé, joven y por lo que veo, ni con eso te saco una sonrisa.
Iván intentó hacer una mueca, ante la mirada atenta de aquel hombre pero no lo consiguió.
-Sólo he venido un momento, tengo que irme al instituto.
-No hay prisa, muchacho, yo tengo aquí toda la mañana, me harías compañía si te quedas- El hombre le guiñó un ojo y siguió barriendo con la gran escoba que sujetaba con sus manos.
-No puedo quedarme, tengo que irme, si faltara, mi madre me castigaría.
-Lo sé, muchacho, no me hagas caso, soy un bromista. Por cierto, ¿qué te pasaba para que estuvieras llorando así?
-Nada, tengo una amiga que está enferma.
-Bueno, todos nos ponemos malos alguna vez, tu amiga se pondrá bien- el dijo el hombre para animarle.
-No, no es ese tipo de enfermedad, ésta es de las malas, de las que se pasa mal de verdad.
-Muchacho, me estás asustando, ¿qué tiene tu amiga?
-No sé si decírselo, no le conozco de nada, no hablo con desconocidos.
-Tienes razón, me presento, mi nombre es Sebastián.
El simpático barrendero hizo una reverencia ante el muchacho, que no pudo evitar reírse.
-¿Sebastián? Pues vaya nombre más largo.
-Sí, la verdad es que sí, vaya con mi madre el nombre que fue a ponerme, no lo había pensado; verás, mejor llámame Basti, así me llaman mis amigos. Iván volvió a sonreírle, le miraba atento, expectante, intentando averiguar cómo era el hombre con el que estaba conversando, empezaba a gustarle hablar con él.
-¿Y por qué Basti y no Sebas?-preguntó el chico.
-Porque Sebas hay muchos, pero Basti no, ¿o conoces algún Basti? Porque si es así, me quito el nombre-le dijo Basti sonriendo.
-No, nunca he oído a nadie llamarse así- Iván se echó a reír.
-Ya veo, pues ya puedes decir que tienes un amigo que se llama Basti, vas a ser la sensación de clase.
- Tu nombre es muy raro, nunca he oído a nadie que se llame así.
- Muchacho, soy único, lo más parecido a mi nombre es Bastián, ¿recuerdas?
-No, ¿quién es?- preguntó Iván extrañado.
- ¿Que no sabes quién es Bastián? ¿Te suena el nombre Atreyu?
- Sí, claro, ah, ya, Bastián era el niño de La Historia Interminable, ahora me acuerdo.
- Exacto, muchacho, veo que te la has leído.
- Bueno, no exactamente. He visto la película, el libro no lo he leído.
- Pues deberías, el libro nunca es igual que la película. Además un libro te permite ir percibiendo cada detalle que vas leyendo y te va situando en la época, el sitio y el momento de la lectura.
- Nunca lo había pensado, a mí los libros tan gordos me aburren y me veo la película.
- Házme un favor y léete el libro, seguro que en la biblioteca lo tienen, no creo que este libro pueda cansarte, tiene algo que otros libros no tienen.
