- ¿Y qué es?- preguntó Iván sorprendido.
- Te lo diré cuando te lo hayas leído, hay algo mágico que te hará continuar hasta el final.
- Tengo que irme, es tarde y me van a cerrar el instituto, si se entera mi madre me castigará sin salir y no puedo quedarme en casa.
Iván salió corriendo después de despedirse de su nuevo amigo, éste se quedó mirando en la dirección en la que el muchacho corría, iba casi sin aliento y su mochila se movía golpeando su espalda. Cuando llegó a la puerta, la Señora Marian se disponía a cerrarla, pero él rápidamente puso el pie evitando que ésta se cerrara.
-Vamos, joven, llegas tarde, anda, pasa- le dijo la mujer, de carácter malhumorado y distante.
Iván pudo llegar a su hora a clase, aunque de poco le sirvió estar en ella porque no prestó atención en el tiempo que éstas duraron. Cuando sonó el timbre del recreo ni siquiera se dio cuenta y tuvo que ser su amigo Diego el que le avisara de que ya era la hora. Iván, que era muy curioso, no dejaba de pensar en las últimas palabras que le había dicho su nuevo amigo Basti y sentía curiosidad por saber qué misterio guardaba ese libro para ser tan especial. Cuando llegó la hora de marcharse a casa, Iván cogió su mochila y salió más deprisa que el resto de sus compañeros, de los que no se despidió; bajó calle abajo hasta llegar a su casa y fue directo a la cocina. Marta le esperaba como cada tarde para prepararle su bocadillo, Iván le contó alguna travesura del instituto, algo que le habían contado después, porque él había estado ausente en sus pensamientos.
Cuando Iván merendó, se despidió de su madre y se dirigió a la biblioteca.
Fue al pasillo donde se encontraban los libros de ficción y comenzó a buscar en voz baja.
-C, d, f… la historia…¡aquí! “La Historia Interminable”, lo tengo- dijo alzando la voz.
Justo cuando se disponía a salir, oyó una voz que le llamaba.
-¡Eh, joven!
Iván volvió la cabeza y vio a unos pasos de él a la compañera de Rebeca, que gesticulaba con la mano para que el muchacho se parara.
Éste paró nada más verla y levantó el libro.
-Bien, llévatelo, ahora lo apunto. ¿Qué tal está Rebeca?
Iván se sorprendió por la pregunta de la mujer. Él desconocía que ella supiera de su amistad con Rebeca.
-Hoy no la he visto pero no muy bien-dijo el muchacho apenado.
-Tranquilo, es una mujer fuerte, se pondrá bien, verás cómo dentro de unos días volverás a verla en el parque.
Iván no esperaba esa contestación, quizás porque no imaginaba que Rebeca tuviera tanta amistad con su compañera como para contarle que la veía en el parque. Se despidió de la bibliotecaria y fue calle abajo, a la casa de Rebeca, llamó varias veces y se fue al ver que nadie contestaba. Entró en casa pero Marta no estaba, aunque a Iván esto no le sorprendió porque su madre solía salir por las tardes a pasear o a comprar cuando no tenía que trabajar en el hospital.
El joven se descalzó y se tumbó en la cama, abrió el libro y comenzó a leer, eran las seis y media de la tarde y aún tenía tiempo de hacer los deberes. Las horas pasaban e Iván seguía concentrado en la lectura de aquél libro, inmerso en dos mundos paralelos que le tenían completamente absorto en pensamientos que se distanciaban de toda realidad. De pronto, el sonido de la puerta, le hizo volver a su vida de nuevo, cerró el libro, dejando en la página que acababa de leer, un marca-páginas que Rebeca le había regalado.
-Mamá, ¿eres tú?- dijo en voz alta.
-Sí, cariño, ya estoy en casa.
Marta se dirigió a la cocina a dejar unas bolsas con comida que acababa de comprar. Iván miró el reloj, las nueve menos cuarto, era ya casi la hora de cenar y no había hecho aún los deberes. Le quedaban apenas diez páginas del libro para terminarlo, era increíble que se lo hubiera leído casi por completo en una sola tarde. Fue a la cocina a ver a su madre y la ayudó a vaciar las bolsas, ésta le preguntó qué había estado haciendo pero Iván no comentó nada sobre el libro.
-Nada, estuve leyendo para un trabajo del instituto y me faltan los deberes, enseguida los termino.
-Está bien, no tardes, mientras iré a casa de Rebeca, voy a llevarle algunas cosas que le he comprado de comer.
-Mamá, fui a su casa sobre las seis de la tarde y no estaba, puede que saliera a comprar, llámala antes de ir por si no está.
-¿No estaba? ¡Qué raro! Bien, voy a llamarla.
Marta marcó el número de teléfono de Rebeca, esperó a que sonara varias veces y después colgó preocupada de que aún no estuviera en casa.
