Leo es un hombre de mediana edad, profesor de primaria en un colegio cercano a su casa. En su día vivió de las creencias que por aquel entonces le inculcaron sus padres. Hijo de militar y creyente de unos valores bien arraigados, ha escuchado desde muy pequeño las miles de historias que su padre le contaba sobre sus andanzas, sus pequeñas batallas, sus vuelos y sus ilusiones diarias tras esos cristales, sucios a veces que dejaban ver nuevos
horizontes en el aire.
Su padre le narraba historias de verdad, de esas que se quedan grabadas en la memoria y que nunca mueren; de hecho aún hoy, cuando Leo le visita en la nueva residencia que junto a su casa han hecho, él no duda en seguir embriagándole con sus anécdotas más pintorescas.
A Leo le apasiona el mundo vivido por su padre, a pesar de no haber seguido él esa trayectoria por verla “demasiado arriesgada” para su tranquila vida de profesor de primaria.
Su padre, contándole historias pasadas le narra el vuelo del primer hidroavión militar, a cargo del capitán Roberto With Santiago con un Curtiss JN-2 modificado.
Cabe destacar-como él mismo cuenta-que la Aviación Militar Española recibe la Medalla Militar colectiva por su trabajo eficiente.
-Vaya, sí que sabes de historia, padre- le dijo Leo orgulloso de él.
-Me informé de todo cuanto pasó antes de que yo naciera, como saber que
el Ministerio de Defensa lo creó Adolfo Suárez el 4 de Julio de 1.977, formado por Aire, Marina y Ejército-continuaba su padre.
-Padre, entonces cómo es que ascendieron a Francisco Franco?
-¿No recuerdas que te lo conté? Verás, Primo de Rivera fue comandante en
el desembarco de Alhucemas, por el año 1.925; entre los jefes
participantes estaba Francisco Franco y por su actuación allí ante las tropas le ascendieron a general de brigada.
-¿Y cuándo pasó a ser el Ministerio del Aire?
-¿A crearse te refieres? Por la ley del 8 de Agosto de 1.939.
-Sabes mucho de fechas.
-Bueno, sé de algunas, recuerdo que en el año 2.004 se creó la jefatura de servicios técnicos y sistemas de información y telecomunicaciones del cuartel General de Ejército del Aire, donde gestionaban estadísticas, investigación militar, controlaban y ejecutaban sistemas de información…
-No os faltaba nada, teníais muchas agrupaciones, muchas secciones- Leo miró a su padre y éste le sonreía al escucharle.
-Sí, claro, no podía faltar de nada, ten en cuenta que del Ejército del Aire dependen muchas cosas, como la seguridad y el bienestar de las personas. Además se crearon servicios tales como el Servicio Histórico y Cultural entre los que se encuentra el Museo de Aeronáutica y
Astronáutica.
-También teníais formación constante, ¿no?
-Claro, era imprescindible, la TLP por ponerte un ejemplo, está en la Base Aérea de Albacete ó de Los Llanos, como quieras llamarla. Empezó en Alemania; la trasladaron a Bélgica, donde se unieron Dinamarca e Italia y en el año 2.002 se unió al programa de formación de pilotos España. En el año 2.009 se unieron Francia y Grecia y en Julio de 2.009 se trasladó a
Albacete. Lo mejor de todo es que ahora los militares que se forman allí se sienten orgullosos de estar allí al saber la reputación tan buena que ha tenido el programa de formación para pilotos y tripulaciones.
-¿Y para qué se formaban allí?
-Bueno, se siguen formando, yo te cuento los inicios, pero todo eso
continúa.
-¿Y para qué se preparan?
-Allí se forman para mejorar su forma de trabajo, ser más efectivos y operan a un mayor nivel de cómo lo venían haciendo las Fuerzas Aéreas Aliadas.
-Una vez me hablaste de la agrupación del EDHEA, ¿qué es eso?-preguntó
Leo interesado.
-Más que una agrupación, es La Escuadrilla de Honores del Ejército del Aire, su distintivo dice mucho del personal del mismo, hay un lema que dice “Conoce tu medida, conócete a ti mismo”, donde ellos fomentan el esfuerzo, el compañerismo y la superación por ser mejores y respetar la naturaleza, aunque eso lo hacen en las pruebas de seguridad.
-¿Pruebas de seguridad?
-A ver, creo que no me he explicado bien, su formación consiste en recorrer kilómetros con su uniforme de deporte y un banderín, van cantando canciones militares y promueven la nobleza a través de su distintivo, en el que figura una bola del mundo con una cadena que
significa seguridad a todas las partes de los continentes. Hay una espada como símbolo de seguridad y el color oro de las letras significa nobleza en el personal que lo lleva a cabo.
-Vaya, no sabía que un simple distintivo significara algo.
-Todo tiene su por qué, cada escudo, cada palabra tiene algo detrás. El JEMA también tiene su escudo: es redondo con un bastón que simboliza mando militar y dos hojas de laurel que son señal de buena fama y victoria.
-He visto en ése que tiene una llave, ¿de qué es?
-La llave significa fidelidad y secreto, cualidades que tiene que tener muy presente el personal; también hay un sable, en señal de prudencia, de honestidad y obediencia.
-Padre, una vez me hablaste del significado de los colores, decías que eran
importantes en el Ejército, que era una característica de ellos.
-Bueno, en parte sí, mira, el rojo o también llamado gules significa alteza,
fortaleza, victoria; el rojo siempre ha sido el color tradicional de Arma de la
Aviación.
-Pero me hablaste del color verde, eso sí que lo recuerdo-protestó Leo.
-El color verde lo lleva el escudo del Grupo de Seguridad de Agrupación del Cuartel General del Ejército del Aire, llamado GRUSEG, que fue creado para apoyar al ejército. Empezó llamándose Escuadrón de Servicios y después Escuadrón de Seguridad, más tarde Grupo de Seguridad, en el año 1.991 si no recuerdo mal.
-¿Y quiénes eran esos?
-¿Esos? Era la fuerza capaz de identificar y vigilar, de escoltar y proteger personalidades, eran la defensa terrestre y capaces de reconocer artefactos explosivos.
-Cuéntame más cosas, padre.
-¿Qué quieres saber? ¿Te conté quién es la Patrona de las Fuerzas Aéreas
Españolas?
-Eso lo sé, La Virgen de Loreto, cuya festividad es el diez de diciembre,
¿verdad, padre?
-Así es, ¿ves como sabes cosas?
-Padre, tú que has sido piloto, seguro que puedes contarme más, sé que han hecho muchas cosas buenas y han sido condecorados.
-Claro, pero nos pasaríamos aquí días enteros para enumerarte todo lo que han hecho, si quieres te nombro alguno.
-Sí, por favor-le rogó Leo.
-Recuerdo que en el año 2.008 se hizo entrega de cincuenta y cuatro toneladas de ayuda humanitaria en la base española de Herat, en el año 2.009, un compañero me contó que recibieron la visita de jóvenes de Centros de Acogida de Murcia, él estaba muy emocionado hablándome de ellos.
-Debe ser bonito ver las caras de esas personas o que te condecoren por actos tan nobles.
-Sí, claro que lo es, además a veces han colaborado con causas que lo merecen tanto que alegra saber que son parte de ello, como el convenio que firmaron en el año 2.010 para colaborar con la Asociación Española de Esclerosis Múltiple, ó la colaboración ese mismo año en el terremoto de Haití, participando en misiones de transporte de personal y ayuda
humanitaria.
-Viajan por todo el mundo, hacen todo tipo de servicios de ayuda.
-¿Servicios de ayuda? Bueno, sí, ayuda humanitaria, transporte de alimentos y medicamentos, facilitar el alto el fuego, la destrucción de armamento, prestar asistencia sanitaria… muchas cosas.
-Sí, lo sé, además por todos los continentes.
-Por supuesto, allí donde hace falta.
De repente, alguien llamó a la puerta de la habitación, una mujer robusta con bata blanca y pelo recogido en una coleta, entró con unas toallas.
-Disculpen, caballeros, pero debo cambiar las toallas, será un momento, enseguida les dejo que continúen.
-Tranquila, Rosa, es mi hijo, que ha venido a verme, ¿no le conocías?
-Huy, Leonardo, ni le había mirado, ¿qué tal está usted, Leo?
-Muy bien, Rosa, escuchando las batallitas de mi padre, ya sabes que me
encanta oír todas sus peripecias y sus anécdotas.
-A mí algo me cuenta de vez en cuando, me habla de vuelos y aterrizajes un poco complicados, pero la verdad es que hacen una labor increíble.
-Tienes razón, Rosa, son como los ángeles, hacen el bien y tienen alas.
-Buena comparativa, cómo se nota que es usted maestro- sonrió la enfermera.
-Pero es así.
-Sí, cierto, bueno, les dejo solos, que querrán seguir hablando.
Rosa se fue de la habitación cerrando tras de sí la puerta, Leo miró el reloj, eran las once de la mañana, pero no le preocupaba, era lunes y no tenía clase.
-Padre, estoy muy orgulloso de ser tu hijo- dijo Leo emocionado.
-Tampoco es para tanto.
-¿Que no? Yo recuerdo que El Ejército fue galardonado en el setenta y cinco aniversario de la fundación, además lo recogió el Jefe de la Base Aérea de Cuatro Vientos, el Coronel Gregorio Fernández Arnedo.
-Vaya, hijo, qué memoria.
-Yo también me informo, de hecho estas cosas se las cuento a mis alumnos y les encanta, creo que es la parte de la historia que más les gusta, hay varios que quieren ser piloto.
-¡Qué sorpresa! Eso es que les motivas contándoles cosas.
-Puede ser, algún día les traeré aquí para que te conozcan; es más, he pensado que si no tienes inconveniente, les puedo traer la semana que viene para que le cuentes más cosas acerca de tus peripecias voladoras.
Frank se echó a reír, estaba orgulloso de su hijo y contento de que éste hablara de él en clase.
-Bien, que vengan, pero avísame el día que lo hagas para recibirles como se merecen, no me gustaría que me sorprendieran en bata.
-No te preocupes, te avisaré. Cuéntame más cosas, seguro que disfrutábais allá arriba entre las nubes viendo todo tan pequeño.
-Bueno, sí, pero también se pasa mal, aunque luego contamos con los mejores servicios para los peores momentos, como el de Enfermería del Cuartel General del Ejército del Aire, donde tenemos especialidades fundamentales del Cuerpo militar de Sanidad, nos hacen reconocimientos médicos, nos ponen vacunas como prevención y tenemos asistencia
primaria.
-¿Y si tienes algo más grave?
-Te trasladan a otros centros donde puedan atender cosas más urgentes, lo tienen todo previsto, además el personal sanitario tiene una formación continuada.
-Todo controlado, sí, señor.
-Recuerdo que mi compañero me contó, porque yo ya no pude asistir, que en el patio de Honor del Cuartel General del Ejército del Aire, pusieron la corbata de La Orden del Mérito Civil a la Bandera del Cuartel General, la puso la Ministra Carme Chacón, por la actuación militar que tuvieron cuando el Gobierno declaró por decreto el Estado de Alarma en el año
2.010, por estar al frente del control del espacio aéreo.
-Pero eso ya es muy reciente.
-Sí, es que luego han ido obteniendo más galardones y no es de extrañar, recuerdo que hace poco, por el año 2.013 si no recuerdo mal, los integrantes del Destacamento Marfil del Ejército del Aire entregaron doscientos cincuenta kilos de alimentos infantiles de primera necesidad y pañales al orfanato “La Pouponniere” de Dakar.
– Eso les honra, la verdad es que hacen muchas cosas.
-Bueno, hay cosas que son habituales de cada año, como ir a residencias de la tercera edad a ofrecer conciertos, normalmente es la unidad de Música de la Academia General del Aire quien lo organiza, a base de pasodobles, villancicos o lo que salga, los mayores se lo pasan muy bien.
-Padre, también estás en una residencia, quién sabe si algún día vienen aquí a bailar y cantar contigo.
-No me extrañaría, ya que lo han hechos en muchos sitios. El último concierto solidario que recuerdo es el que tuvo lugar en la Catedral Castrense, cantó el Coro Villa de Las Rozas, para apoyar a familias necesitadas, a personas discapacitadas e intérpretes afganos,
padrinazgo…, fue el día trece, hace apenas unos días, me lo contó Tomás, que me llamó.
-Anda, ¿sigue su hijo en el Ejército?
-Por supuesto, por eso siempre que viene a verme o me llama, me cuenta alguna anécdota.
-Recuerdo que hace años estuve con Tomás durmiendo en la Casa del Aviador.
-¿Qué es eso?
-Es el centro donde nos alojábamos, una especie de residencia militar, la crearon en el año 1.959, está aquí cerca entre la calle Martín de Los Heros y el paseo de Moret, creo que son ciento catorce las habitaciones que hay, había una cafetería para todo el personal y los mandos.
De pronto, alguien asomó la cabeza por la puerta, se trataba de un hombre de unos setenta y cinco años, de pelo blanco y una gran sonrisa que iluminaba su rostro.
-¿Se puede?- preguntó alguien desde el pasillo.
-Abre, es Tomás, mira que le tengo dicho que pase sin llamar.
Leo se acercó a la puerta y Tomás empujó agarrando el tirador de la misma con la mano.
-Hombre, Leo, si estás aquí, ¿no tienes clase?
-No, hoy no, los lunes me dejan que descanse-sonrió Leo.
-Menos mal, así te dejan respirar un poco, yo no aguantaría tantos niños juntos en una clase dando guerra.
-No creas, tengo suerte en eso, son más bien adolescentes y no me dan nada de guerra, al contrario, les gusta escuchar las historias que les cuento.
-Vaya, voy a tener que ir a tus clases.
-¿Vendrías?-preguntó Leo.
-Bueno, no lo decía en serio pero, ¿qué puedo contarles?
-Tus vivencias, cosas que recuerdes de tu vida en el Ejército, seguro que
los niños se quedan fascinados con tus historias.
-A los niños ya no les interesan esas cosas.
-¿Cómo que no? Sí, hombre, sí. Un día te vienes y pasas la mañana con
nosotros.
-Eso está hecho; bueno, Frank, ¿qué tal te cuidan aquí?
-Bueno, no es ninguna maravilla pero al menos tengo a mi hijo cerca, acércame el bastón, anda, voy a levantarme un rato, a ver si veo alguna muchacha por el pasillo.
Tomás sonrió a Leo y le acercó el bastón para que se apoyara, Leo se puso al otro lado y Frank se agarró a su brazo. Salieron los tres al pasillo, no había nadie, aún era pronto para las visitas, que antes de las doce no solían venir.
Sólo se veía al final del pasillo, asomado a la ventana, al señor Antonio, que no tenía visita hasta la tarde, que venía a verle su hija con sus nietos.
-Papá, ¿te apetece una partida de cartas?
-¿Los tres? Bien, ¿te apetece, Tomás?
-Vale, no tengo otra cosa que hacer.
Los tres se dirigieron a la sala de juegos, estaba al final del pasillo, junto a la ventana en la que se encontraba el señor Antonio, pasaron por su lado, le saludaron y Leo se quedó mirándole.
-Señor Antonio, ¿qué tal está hoy? ¿con ganas de una partidita?
-Sí, ¿por qué no?
El Señor Antonio se apuntaba enseguida a todo, le gustaba mucho hablar y se pasaba el día en el pasillo para hablar con quien pasara por allí.
Se dirigieron al ascensor y bajaron a la primera planta donde se encontraba la sala de juegos, allí tomaron asiento en una mesa rodeada con cuatro sillas y ubicada junto a una ventana que daba a un enorme patio al que solían salir a pasear cuando el tiempo se lo permitía.
Los cuatro hombres ocuparon sus asientos y comenzaron a jugar a las cartas, pasaron más de dos horas entretenidos hasta que llegó la hora de comer y tuvieron que acabar la última partida con el triunfo inminente del señor Antonio, al que apenas conseguían ganarle nunca.
Se dirigieron al comedor el Frank y el señor Antonio; Tomás y Leo se despidieron de ellos y se fueron del recinto, uno a pasear y aprovechar a comprar y el otro a casa a terminar de corregir unos exámenes que debía entregar al día siguiente. Leo se dirigía a casa con la intención de comer algo, pero recordó que no tenía nada para cocinarse y se detuvo en un restaurante de la zona. Después se fue a casa y se pasó la tarde corrigiendo exámenes hasta la hora de cenar. Al día siguiente, nada más llegar al colegio, se sentó en su mesa a
esperar a que sus alumnos entraran en clase. Éstos aparecieron hablando en voz alta, alguno saltando y otros mirando al suelo con pocas ganas de empezar el día.
-Buenos días, chicos, ¿con fuerzas para comenzar el día? Tengo vuestros
exámenes.
Los muchachos escucharon atentamente la nota que una por una iba diciendo junto a su respectivo nombre. Cuando terminó comenzó a copiar un texto muy largo que ocupaba
toda la pizarra y los alumnos hicieron lo propio.
-Ayer visité a mi padre en la residencia, me dijo que podíamos ir a
visitarle, me gustaría que escuchárais de él, las historias y anécdotas del
Aire, todo lo que ha vivido en el Ejército, creo que os gustará.
-Ya, pero eso es de hombres-replicó María desde el fondo de la clase.
-No, María, estás muy equivocada, si no me equivoco Rosa García-Malea
fue la primera piloto de caza y combate del Ejército del Aire.
-Pero para ser eso ya sería muy mayor.
-No, para nada, tenía veintiséis años en aquel entonces, por 2.007, aunque por supuesto, ella como el resto de sus compañeros, se tuvo que preparar duro para llegar donde está.
-¿Y hay algún caso más?
-Muchos, María, muchos, como el caso de la primera mujer teniente coronel de las Fuerzas Armadas, Patricia Ortega.
-¿A que no sabes ya más nombres?- le retó María.
-Veamos, recuerdo a Silvia Sarabia, de 29 años, es jefa de seguridad del Grupo de Alerta y Control Papayo del Ejército del Aire y de la Escuadrilla de Personal.
-¿Escuadrilla? ¿eso es que tiene gente a su cargo?
-Claro, creo que tiene a veinticuatro personas.
-Vaya, sí que tiene. ¿Y cuándo vamos a ir a ver a tu padre a la residencia?
-Pues primero quiero hablar con un amigo suyo y organizarlo para que venga ese día, así os contarán más cosas. También necesito el consentimiento del director.
Los muchachos estaban muy interesados en saber todo acerca de las anécdotas que rodeaban el mundo de Frank y los aviones, les fascinaba saber que había tanto detrás de algo que se les escapaba ante sus ojos. Cuando terminaron las clases, Leo se fue a casa y llamó a Tomás, éste le cogió enseguida el teléfono y aceptó encantado la invitación de Leo de ir
a visitar a su padre en unos días. Después llamó al director del colegio a su casa, eran las siete de la tarde y sabía que le encontraría en casa, tenía dos niños y le gustaba hacer los deberes con ellos.
El director era un hombre de cuarenta y uno años, diez menos que Leo, al que le gustaba formar parte de la vida diaria de sus hijos, al igual que a su mujer; ésta también profesora en un colegio cercano. Marcos accedió enseguida a la idea que le propuso Leo de llevar a los
chicos a la residencia, pensó que sería bueno para ellos relacionarse con personas mayores y aprender de ellos. Sólo le pidió una cosa y era que les hiciera un examen a los muchachos de todo lo que hubieran escuchado esa mañana, ya que iban a pasar unas horas fuera.
Leo no tuvo inconveniente, le pareció bien y acordaron que la visita la realizarían el próximo lunes.
A la mañana siguiente, Leo les comunicó a sus alumnos la fecha de la visita a la residencia y éstos se alegraron, no les importó que luego él les tuviera que realizar un exámen porque era un tema que les gustaba mucho. Por la tarde se acercó a ver a Frank, éste estaba en el patio sentado en uno de los bancos que daba al camino de plantas que allí había con flores
de diversos colores. Frank estaba acompañado de una mujer, se llamaba Dulce y hacía
honor a su nombre, era una señora de unos ochenta años, tez muy blanca y pelo muy blanco, que cada tarde se sentaba en el mismo banco durante un par de horas antes de ir a cenar.
Cuando Frank no tenía visita, salía a hablar un rato con ella, hasta que alguna de las enfermeras, ó alguna visita les importunaba y dejaban de hablar.
-Hola, padre, ¿qué tal todo? Hoy he salido un rato antes, quería contarte
algo-dijo Leo.
-Vaya, si viniste hace dos días, hijo, más vale que sea importante-gruñó Frank.
-No te quejes, padre, sólo estaré un rato-miró a Dulce-Buenas tardes, Dulce, qué guapa está hoy.
-¡Qué zalamero eres, Leo!-dijo Dulce levantándose del banco.
-Ya la has echado, Dulce, no te vayas, si enseguida se va.
-Luego te veo, Frank, atiende a tu hijo, no todos tenemos la suerte de que vengan a vernos tanto.
-Tienes razón, ¿qué quieres, Leo?
-He hablado con los chicos y están encantados con venir a verte, le pedí permiso a Marcos y no hay ningún problema y llamé a Tomás y vendrá también para contarles cosas, ¿qué te parece?
-¿Qué me parece? Que no pierdes el tiempo, hijo, muy bien, les atenderé encantado, espero que esos jovencitos no me dén guerra.
-Padre, ya son mayorcitos para darte guerra, ya te dije que tengo suerte con ellos.
-¿Cuándo vendrán a verme?
-El próximo lunes, así tendré tiempo para informarme y saber un poco lo que puedo contarles.
-Bueno, esa será mi labor, ¿no?
-Y la mía, recuerda que soy su profesor y querrán que yo también cuente cosas, si me quedo callado, quedaré muy mal ante ellos.
-Bien, vamos, quiero contárselo al señor Antonio, seguro que querrá estar presente cuando vengan los muchachos.
-Padre, todavía quedan cuatro días para que vengan.
-Ya, pero se lo quiero contar ya.
-Como quieras, le buscamos y me marcho, tengo que terminar de preparar un examen para mañana.
-¿De qué asignatura es?
-De Historia, la semana pasada les puse otro de Geografía, sobre volcanes y demás, ya sabes, no les gusta tanto pero bueno, casi todos aprobaron. Leo dejó a su padre con el señor Antonio y se marchó a casa, se acostó más tarde de lo que esperaba, preparando el exámen.
El resto de la semana fue bastante tranquila, Leo fue a ver a su padre el Sábado y le dejaron que se lo llevara a comer fuera; vinieron por la noche justo a la hora de cenar. Padre e hijo pasaban todo el tiempo que podían juntos pero Leo tuvo que dejar a Frank tres años atrás en la residencia porque ya no estaba capacitado para cosas tan elementales como cocinar, ó quedarse solo.
Frank no tenía a nadie, salvo a una hermana que vivía en Barcelona y que debido a su trabajo de psicóloga no podía venir a visitarle con la frecuencia que a ella le gustaría.
Su hermana, Sonia, tenía cuarenta y tres años, seis años menos que él y estaba casada con Luis, con el cual tenía dos hijos: Álvaro y Marta. Aparte de su hermana y la familia de ésta, Leo no contaba con más familia que con su padre, ya que su mujer murió hacía ya tres años,
víctima de una enfermedad extraña de la que los médicos no pudieron salvarla.
Pasó los cuatro últimos años sufriendo, entre su casa y el hospital, deteriorándose por días hasta que su cuerpo no pudo más. Leo lo pasó muy mal cuando ella murió, llevaban juntos veintiocho años y nunca se habían separado, él se vio perdido y solo y fue cuando
decidió vivir con Frank durante dos años hasta que se dio cuenta de que Frank pasaba más tiempo solo que acompañado. Leo era profesor de primaria por las mañanas y a veces dedicaba tardes a dar clases de apoyo a algún que otro alumno que lo necesitara.
El domingo lo pasó descansando en casa, se quedó tumbado viendo la tele y durante largo rato continuó un libro de aventuras que había empezado el día anterior. Se acostó pronto porque tenía pensado madrugar algo más que de costumbre, pensó en pasar por casa de Tomás y recogerle con el coche para llevarle al colegio. Al día siguiente salió de casa y antes de arrancar el coche, llamó a Tomás para ver si éste estaba ya preparado para ir a buscarle.
Cuando llegó, Tomás ya estaba en la calle, llevaba un pequeño maletín negro, el cual Leo observó atentamente.
-¿Y ese maletín? Pareces tú el profesor.
-Nada, tonterías, algunas fotos que tengo.
-¿Fotos?¿de qué?
-¿De qué va a ser? Del ejército, de los aviones, de acontecimientos.
-¿Puedo verlas?
-No, tú conduce, ya tendrás tiempo de mirarlas cuando las vean los demás.
Leo arrancó el coche y fueron al colegio, los muchachos estaban ya en sus asientos esperando a que el profesor apareciera.
-¡¡Buenos días, Leo!!-dijeron todos los alumnos al unísono.
Leo entró en clase con Tomás y éste les saludó.
-Chicos, todos en pie, avisaré a Marcos de que nos vamos, poneros en fila y en silencio que el resto de compañeros están en sus clases.
Todos hicieron caso de Leo y se colocaron en fila, ninguno de ellos habló y esperaron a que él viniera de hablar con el director. Salieron todos del colegio y llegaron a la puerta de la residencia, la recepcionista salió a recibirles.
-Hola, Leo, ¡Qué bien acompañado te veo hoy!-dijo Pilar.
-Sí, ¿has visto? Venimos de visita, ¿no te lo ha contado mi padre?
-Vaya si me lo ha contado, a todo el mundo, lleva despierto desde las seis
y media de la mañana.
-Pilar, somos muchos, ¿dónde podemos esperarle?
-Salid al patio, hace buen día, os recibirá enseguida, mientras voy a preparar la sala de visitas para que estéis todos cómodos.
-Gracias, Pilar.
La recepcionista fue a la habitación de Frank para avisarle de que ya había venido la visita.
Él ya había salido al pasillo y estaba hablando con el señor Antonio.
-Frank, tu visita te espera en el patio.
-Vaya, llegaron pronto, vamos, Antonio, que así conoces a los muchachos de mi hijo, él dice que no dan guerra, ya veremos.
El señor Antonio y Frank fueron al patio y vieron a los muchachos mirando las plantas que rodeaban los bancos.
-Vaya, vaya, jovencitos, sóis muchos.
-Papá, son quince los que han venido sin contar a Tomás.
Frank se echó a reír y miró a su amigo.
-Vaya, Tomás, estás hecho un chaval, pareces uno de ellos.
Pilar entró a los minutos y les avisó de que estaba la sala preparada.
Entraron todos y se acomodaron en los amplios sillones y varias sillas de que disponía el lugar.
-Bueno, chicos, ¿qué tal es mi hijo como profesor? ¿es muy gruñón?
-¡Papá, por favor!
-Hijo, relájate, que os muchachos han venido a pasarlo bien.
-No hemos venido a hablar de mí, quieren oír tus historias, tus anécdotas, ya hablamos de ello el otro día.
-Bien, muchachos, veréis; cuando yo entré en el Ejército a cavaban de nombrar al Teniente General Navarro Garnica como Jefe del Estado mayor
del Ministerio del Aire, fue en Mayo del año 1.965. Ese mismo año, el General de Brigada Salvador es nombrado Jefe de la Fuerza Aérea de Defensa.
-Padre, eso no les interesa a los chicos, háblale de aviones.
-Hijo, eso también es historia, veréis, os contaré alguna anécdota interesante.
Justo en ese momento, Pilar entró acompañada de tres enfermeras más, cargadas con bandejas repletas de unas pequeñas tapas caseras que habían preparado con jamón, tortilla, morcilla y algún pincho más.
Lo dejaron en una gran mesa que ya estaba preparada para ello, junto a una máquina que habían colocado de refrescos para que los chicos pudieran tomar lo que les apeteciera.
-Pilar, váis a hacer negocio con los muchachos, por eso habéis sacado este manjar, ¿verdad?-se rió Frank.
-Frank, no digas eso, no voy a cobrarles la comida, pero la bebida sí porque es de la máquina que tenemos aquí para los familiares que nos visitan, no podemos hacernos cargo de todos.
-Pilar, era broma, mujer, tampoco les pasa nada por pagar un euro por una coca-cola, en otros sitios cuesta más, ¿verdad, jovencitos?
Tres de los muchachos que ya habían cogido algo de comer, asintieron con la cabeza al no poder responder con la boca llena.
Tomás se sentó junto a uno de los chicos que no había cogido nada de comer, le miró y abrió su maletín.
-Muchacho, ¿no piensas comer nada? ¿no te gusta nada de lo que ves?
-No me apetece nada, desayuné en casa.
-Bueno, muchos de tus compañeros también lo habrán hecho, ¿seguro que no te apetece nada?
-Nada, señor, gracias.
-¿Te apetece ver unas fotos conmigo?
-Bueno, ¿son de cuando estuvo en el Ejército?
-Sí, así es, mira, esta foto es del Eurofighter, uno de los mejores aviones
que se han construido.
-No me suena, está chulo-dijo el joven.
-¿No te suena? ¿y si te digo que es el C.16? Comenzó en el año 2.003, es bueno para combate, mira, yo estoy aquí en la foto, acababa de retirarme pero la foto no me la podía perder, alguno de ellos es hijo de algún amigo y compañero-le contó Tomás.
-¿Y éste cuál es?-preguntó el muchacho.
-El Boing 707, de la base aérea de Torrejón, ese transportaba personas, es de los más vistos. Hay uno que me gusta mucho, verás qué foto más bonita.
-¿Éste no te gusta? Mira-le señaló el muchacho entusiasmado.
-Sí, sí, también, mira, es el McDonnell Douglas EF-18 Hornet, está en la base aérea de Torrejón, en la de Zaragoza y en la de Gando.
-¿Dónde está Gando?
-En Gran Canaria, es un cazabombardero, es elegante, ¿verdad? El muchacho miraba las fotos y le miraba a Tomás, veía cómo le transmitía su entusiasmo y le gustaba escucharle.
Frank miró a Tomás hablar distendidamente con su nuevo amigo Jaime, el muchacho había hecho muy buenas migas con él y los dos disfrutaban viendo fotos que Tomás le enseñaba.
-Ya veo a quién enseñas las fotos, ¿es que no piensas enseñarlas a los demás?-dijo Frank sonriente.
-Mira, Frank, éste es Jaime, está viendo fotos de aviones, sólo ha visto tres, aún estás a tiempo, siéntate.
-Ahora vengo, voy a hablar con los demás, que se sienten todos en círculos y así vemos tus fotos.
-Bien, os esperamos mientras.
-Mi abuelo también trabajó para el Ejército, fue piloto en 1.975, estuvo unos años, pero murió en un accidente de avión, le fallaron los motores, cayó en una zona montañosa y tardaron tres días en encontrarle. Ha volado mucho y también pude ver alguna foto.
-Vaya, muchacho, ¡Cuánto lo siento! Puede que haya conocido a tu abuelo, ¿cómo se llamaba?
-Manuel Martín, señor, era uno de los mejores pilotos, no debió coger ese avión pero él era muy cabezón ó al menos eso es lo que me han contado.
-Debes estar muy orgulloso de él, seguro que te habrán hablado de sus peripecias.
-No, al contrario, mi padre no quiere ni oír hablar del tema, cuando le dije que quería ser piloto, mi padre se enfadó mucho y me dijo que me olvidara.
-¿Olvidarte por qué? Es una profesión muy bonita, con muchas satisfacciones, ayudas a los demás, te condecoran por ello, conoces sitios y lo más impresionante es verte entre las nubes, allá arriba, sabiendo que dejas todo abajo y tienes el cielo a tu alrededor, es una sensación única. Frank acababa de acercarse y escuchó todo lo que Tomás le contaba al
muchacho.
-Tomás, no le comas la cabeza al muchacho, si su padre no quiere, por algo será, ya tiene bastante con haber perdido a su padre.
-Eso no es justo y lo sabes, por el hecho de haber tenido un accidente, no significa que vaya a pasar nada. El chico tiene derecho a elegir su trayectoria y a ser feliz con lo que le gusta.
-Sólo digo que entiendas a su padre-dijo Frank.
Los muchachos ya se habían sentado todos alrededor de Tomás, en círculo para poder escucharle.
Tomás comenzó contándoles cómo decidió entrar en el Ejército de Aire, les habló de los sitios en los que había estado y las organizaciones con las que colaboraban.
Tenía varias medallas al mérito y le habían condecorado una vez retirado, alguna vez más.
Tomás había sido muy querido entre sus compañeros, por su carácter afable y por su honestidad como persona. Estuvo relatándoles alguna historia vivida en aquella época y les
enseñó alguna foto que tenía junto a sus superiores. También tenía alguna historia graciosa que contar, de la cual tenía la foto correspondiente en la que salía riendo ó subido a hombros sobre algún compañero.
-Se veía que había buen rollo entre vosotros-comentó David, uno de los chicos.
-Sí, cierto, muchacho, porque además de la disciplina y el respeto, hay
que aprender a escuchar, ayudar y entender al compañero, nos llevábamos muy bien-contestó Tomás.
-Frank, ¿tú estabas con él?
-Fuimos compañeros, nos conocimos allí, estuvimos en la base de la TLP, allí nos formamos, en Albacete, aprendimos mucho.
-Por cierto, Jaime, tu abuelo fue compañero mío, acabo de recordar que tengo una foto en la que sale él, también estuvo con nosotros en la TLP.
Los muchachos prestaban atención a sus explicaciones y se quedaron fascinados cuando se enteraron de que el abuelo de Jaime había sido compañero de ellos. Tomás rebuscó entre las fotos y sacó una de ellas en las que aparecían cinco personas.
-Mira, Jaime, aquí está, acabo de recordar que le llamábamos Manu ó Halcón en confianza. Siempre estaba deseando volar, de ahí su apodo.
-¿Entonces el abuelo de Jaime era un héroe?-preguntó Marta.
-Sí, señorita, todo un héroe, gracias a él llegaba ayuda para gente que no tenía para comer, ayudaba a motivar a los que no creían y transportaba a los enfermos en aviones pilotados por él.
-Señor, ¿qué es la TLP?-preguntó David.
-Menos mal, pensé que nadie me lo preguntaría, TLP viene de Tactical Leadership Program; es decir, el programa de liderazgo de pilotos, en Albacete.
-Solo el nombre ya dice que es muy importante-dijo David fascinado.
-Sí, claro que es importante, además todo lo que sea formarse, aprender y mejorar es importante; los premios, los galardones y demás, son el resultado de lo conseguido en esa formación-le contó Tomás.
Leo no había hablado en todo el tiempo, pensó que debían hablar los protagonistas y a él le fascinaba escuchar sus historias. Después de un buen rato viendo fotos y escuchando sus anécdotas, Leo miró el reloj, eran las dos de la tarde y debían marcharse.
Se acercó a Frank y le dijo que debían terminar.
-Vaya, qué rápido se me ha pasado el tiempo, es la hora de comer ya.
-Tomás, vamos, despídete de los muchachos, que se tienen que ir.
-Oh, ya, ¡qué rápido se me ha pasado! Chicos, vamos, por lo que veo la visita se ha terminado.
-Tomad, chicos, es un detalle por vuestra visita, os habéis portado muy bien.
Pilar les regaló un llavero con la insignia de la residencia, era de plata y estaba metido en una cajita junto a un bolígrafo de color negro y plata.
A los chicos les gustó mucho el detalle y se fueron muy contentos, Pilar les acompañó a la puerta y les invitó a que volvieran cuando quisieran.
El señor Antonio salió también con ellos, quedó encantado con los chicos y orgulloso de saber que eran alumnos de su hijo.
Tomás se marchó a casa a comer, le había emocionado mucho la visita de los chicos.
Leo se marchó al colegio con sus alumnos y éstos no pararon de hablar entre ellos durante todo el trayecto. Cuando llegaron, Marcos, el director, les preguntó qué tal lo habían
pasado y aunque no quisieron comentar nada, sus miradas hablaban por sí solas.
Sólo tuvieron tiempo de coger sus mochilas y marcharse a casa, ya eran las tres de la tarde y se lo habían pasado muy bien. Leo se fue a casa y llamó a su padre para ver qué tal lo había pasado. Frank estaba contento de que hubiera traído a los chicos, había sido
mejor de lo que él esperaba. La tarde estuvo tranquila, Leo fue a dar clase a uno de sus alumnos a los que la geografía no se le daba muy bien.
Cuando terminó la clase se fue a casa y alguien le llamó por teléfono.
-¿Leonardo?-preguntó la voz del otro lado del teléfono.
-Sí, soy yo, dígame.
-Buenas tardes, soy el padre de Jaime, me ha contado que han estado de excursión en una residencia.
-Sí, así es.
-Me dijo que han hablado de mi padre y su trabajo en el Ejército.
32
-Sí, él nos comentó que su padre se formó en el TLP de Albacete.
-Sí, me dijo Jaime que han estudiado juntos.
-Efectivamente, salió muy contento, estuvo viendo fotos-le contó Leo.
-Me contó que vio una foto de su abuelo.
-Sí, estaba junto a mi padre y otros compañeros más.
-Para mí es toda una sorpresa saber que aún recuerdan a mi padre.
-Por supuesto que le recuerdan, fue uno de los mejores pilotos.
Cuando terminaron de hablar, Leo cenó y se fue pronto a dormir, había sido un día lleno de emociones.
Por la mañana, Leo fue al colegio con más ánimos que nunca, entró en clase y todos sus alumnos le esperaban para el exámen que Leo iba a hacerles acerca de la excursión del día anterior.
Lo que no se esperaban es que Leo les preguntara por inscripciones de la residencia o saber algo de historia sobre la construcción de la misma, eso lo suspendieron casi todos.
-Claro, es que pensamos que sólo era sobre lo que escuchamos contar a Tomás y a Frank.
Los muchachos intentaban defenderse, pero tampoco Leo le dio mucha importancia, tan solo el hecho de saber que acertaron el resto de preguntas sobre la historia contada allí, era motivo suficiente para aprobarles.
-Chicos, me ha comentado mi padre que podéis ir a verles a la residencia siempre que queráis, que estarán encantados de atenderos.
-¿El día que queramos?-preguntó David.
-Claro, el día que queráis- repitió Leo.
-¿Yo puedo ir hoy? Hay una cosa que quiero preguntarle a Tomás.
Pero Tomás no está en la residencia, él tiene su casa.
-Ya, pero supongo que algún día irá por allí, quiero pedirle algo.
-Mira, ¿quieres llamarle por teléfono tú mismo?
-¿Puedo?-preguntó emocionado Jaime.
-Claro, le hará mucha ilusión saber que le llamas.
Leo le dio el teléfono de Tomás a Jaime y cuando éste llegó a su casa, lo primero que hizo fue llamarle.
Le preguntó a Tomás si podría dejarle la foto de su abuelo para hacerse él una copia, pero Tomás le dijo que no, que él nunca dejaba sus fotos a nadie.
A Jaime le extrañó la contestación de Tomás, pero no dijo nada, se despidió de él y colgó el teléfono.
Jaime se quedó triste pensando que Tomás tenía una foto de su abuelo, la única foto que él podría tener y con la cual podría recordarle.
Llegó el final de curso y con él los exámenes finales, alguno de los alumnos había ido a visitar a Frank y al señor Antonio a la residencia, pero como tenían que estudiar, tuvieron que dejar de ir.
Hacía calor y ya se veía niños en los parques, los muchachos apenas salían preparando los exámenes.
Leo fue a visitar a su padre y éste le contó lo que le había pasado a Jaime con Tomás.
-¿Qué Tomás se ha negado a hacerle una copia? No me lo puedo creer.
-Sí, hijo, sí, vino hace una semana Jaime y me lo contó, se me olvidó
decírtelo, pero así es.
-Tomás nunca se negaría a algo así-dijo Leo.
-Pues se ha negado y espera a que venga, que me va a oír, después de haberle escuchado el muchacho atentamente.
-Padre, puede que lo dijera por algo.
-Sí, seguro, lo dijo porque es tonto, porque no hay otra explicación.
-Bueno, esperemos a que venga y entonces saldremos de dudas.
-Claro que saldremos de dudas, hacerle eso al muchacho.
-Padre, no te calientes y escucha primero lo que te cuente.
Justo en ese momento apareció Tomás por la puerta con un maletín de madera algo grande.
-Hola, chicos, ¿qué tal todo?
-¿Qué qué tal? Y te quedas tan ancho, es increíble.
-¿Te pasa algo, Frank?
-¿Qué si me pasa algo? Claro que me pasa algo.
-Papá, por favor, cálmate un poco, yo hablaré con él.
-¿Se puede saber qué pasa, Leo?
Salgamos fuera y te cuento. Papá, tú mira la tele un rato, anda.
-Verás, Tomás, Jaime le contó a mi padre que te llamó para pedirte una copia de la foto de su abuelo y que tú te negaste.
-Así es.
-Pero Tomás, al menos disimula una poco, ¿le dijiste que no así, sin más?
-Sí, así sin más. Mira, quiero enseñarte algo.
Tomás abrió el maletín y saco la foto que Jaime le había pedido, a continuación sacó una lámina pintada a mano de esa misma foto en la que se veía al abuelo de Jaime.
-Pero, ¿y esto?
-Esto es un cuadro de la foto en la que aparece el abuelo de Jaime, falta que me lo enmarquen y lo tendré listo para regalárselo a Jaime.
-Vaya, Tomás, esto sí que es una sorpresa y por supuesto, Jaime no sabe nada, ¿verdad?
-Pues claro que no, es un regalo que le haré el último día de clase, al resto de los muchachos he mandado pintar uno con aviones diferentes para que tengan dónde elegir.
-Tomás, le va a encantar tu regalo, ya estoy deseando ver su cara cuando se lo dés.
-Eso espero, aunque su padre no sé si estará tan contento como él.
-Seguro que sí, me llamó el otro día, me dijo que no esperaba que su padre fuera recordado, cree que nadie se acordaba de él.
-De Manu el Halcón sí, de Manuel Martín no-rió Tomás.
Quedaba una semana para terminar el curso y los chicos habían estado encerrados en casa estudiando.
Habían estado hablando entre ellos y le comentaron a Leo la posibilidad de que su padre pudiera venir a verles actuar en la función del colegio.
Frank les había caído tan bien que querían hacerle partícipe de su fiesta, por supuesto, también querían que viniera el señor Antonio con ellos.
Leo lo preguntó a Pilar si eso se podía hacer, llevarse a dos por el precio de uno como él decía.
Pilar le dijo que sí pero con la condición de poder ir ella, aunque no quiso decirle que el verdadero motivo de querer ir es porque la apetecía ver a los muchachos. Leo le informó a su hermana de la fiesta del colegio y ésta se cogió el día libre, no quería faltar a un acontecimiento así, en el que estaría también su padre y Tomás, a quien Sonía tenía mucho cariño.
Los hijos de Sonia, Álvaro y Marta, se quedaron con Luis en Barcelona porque aún no habían terminado las clases y ella llegó la tarde del día anterior.
-Hombre, hermanito, ¡qué guapo estás! ¡y qué alto!
Leo se echó a reír, Sonia siempre estaba bromeando, tenía muy buen humor.
Dejaron en casa una pequeña bolsa de viaje que había traído consigo y se fueron a cenar fuera, luego Pilar les permitió entrar un rato a ver a Frank.
-No son horas pero haré una excepción contigo, teniendo en cuenta que
vienes de fuera.
-Gracias, Pilar, te lo agradezco- le dijo Sonia.
Frank se alegró mucho de ver allí a su hija y no pararon de hablar, fue Pilar la que tuvo que llegar para que terminaran porque tenían que cerrar la puerta de la residencia.
-Gracias por todo, Pilar, espero verte mañana.
-Me verás, Sonia, seguro.
Leo y Sonia se fueron a dormir, les hubiera gustado quedarse más tiempo hablando de todo, pero les esperaba un largo día.
A la mañana siguiente, los dos hermanos se vistieron y salieron a desayunar fuera, era una costumbre que tenían siempre que venía Sonia.
Luego pasaron por la residencia para recoger a Frank y al señor Antonio, ambos estaban sentados en la cafetería y ya habían terminado de desayunar.
-¿Estáis listos? Vamos a esperar a ver si aparece Tomás, tenía que
pasarse por una tienda y venía luego aquí.
Cuando llegó Tomás, Sonia se abrazó a él, besándose sin parar, Tomás se puso muy contento porque hacía mucho tiempo que no la veía.
-Sonia, estás guapísima, cada vez más por lo que veo.
-Eres un adulador, Tomás y cada vez más, por lo que veo.
Todos se echaron a reír, Leo miró la hora, eran ya las nueve menos cuarto y a las nueve llegarían los muchachos al colegio.
-Bueno, ya es la hora de irnos, seguro que llegan antes que nosotros si seguimos aquí.
-Pilar, trae lo que te he pedido.
Pilar trajo una caja llena de revistas, aunque no se veía de qué trataban, cerró las solapas y se la dio a Leo.
-Papá, ¿qué es esto?
-Nada un detalle para los muchachos, ya lo verás cuando lleguemos.
Cuando llegaron, se sentaron entre los padres que habían ido a ver a sus hijos actuar.
Al finalizar la función y los bailes previstos, les dieron un diploma como señal de méritos conseguidos durante el curso.
Los profesores comenzaron a traer comida y bebida que sirvieron en varias mesas y los padres comenzaron a acercarse y hablar entre ellos.
Los muchachos se pusieron alrededor de Frank y de Tomás, aunque Jaime estuvo reacio a acercarse a éste último.
-Jaime, ¿te pasa algo conmigo? Te noto algo enfadado.
-No, no me pasa nada.
-¿Seguro? Abre esto, por favor, me gustaría que lo vieras.
El padre de Jaime miraba a su hijo desde el otro lado de la sala, Jaime abrió el envoltorio y sacó de su interior un cuadro con la ansiada foto de su abuelo y de sus compañeros.
-¿Y esto?-preguntó asombrado Jaime.
-¿Esto? Esto es tuyo, muchacho, te dije que no porque dejé la foto a un retratista para que la pintara, quería que fuera una sorpresa, ahora sí que tendrás presente a tu abuelo.
-¿Para mí? Madre mía, no esperaba esto, gracias, Tomás.
A Jaime se le saltaron las lágrimas de los ojos y su padre que le estaba viendo no pudo evitar acercarse a ver qué pasaba.
-¿Qué pasa, Jaime?
-Papá, mira lo que me ha regalado Tomás, la voy a poner en mi habitación.
-Tomás, es usted muy generoso.
-Es lo menos que puedo hacer por su hijo, es un buen chaval y lo lleva en la sangre, seguro que será buen piloto.
-Pero él no va a ser piloto, será abogado.
-¿Por qué? Porque usted quiere que lo sea, ¿verdad? Él quiere ser piloto y tiene todas las cualidades para ello, no le corte las alas.
-Me da miedo que vuele, que le pase algo, ya perdí a mi padre y no quiero que vuelva a pasar.
-Pero eso puede pasar en cualquier profesión o de cualquier modo, no prive a su hijo de algo que le gusta y le entusiasma tanto.
-Tiene usted razón, es buen chaval y debe hacer lo que desee, gracias Tomás.
Frank llamó a los muchachos para que se acercaran a él y sacó de la caja unas revistas, eran ejemplares de los últimos meses de “Aeronáutica y Astronáutica”, donde se contaban cosas acerca del Ejército del Aire, de sus aviones, su evolución…
Los muchachos estaban encantados con aquellas revistas, que además podían seguir conociendo más cosas porque eran publicadas cada mes y podían adquirirlas en los quioscos.
Cuando salieron del colegio después de toda la mañana, los chicos se despidieron prometiendo que irían siempre que pudieran, a ver a Frank y a Tomás.
Cada uno de ellos se llevó además un cuadro de algún avión pintado a mano, de los que había encargado Tomás.
Sonia volvió a Barcelona muy emocionada, no pudo quedarse más tiempo porque debía quedarse con sus hijos, ya que Luis también trabajaba.
A Leo le regalaron entre todos sus alumnos un enorme diploma donde ponía en letras grandes grabadas en oro “Al Mejor Profesor” y abajo en letras más pequeñas podía leerse: De sus alumnos que no le olvidarán. Aquel día, Leo volvió a casa emocionado y con los ojos llorosos, sabiendo que el triunfo se lo debía a la gente que tenía a su alrededor y su gran familia que le apoyaba, entre ellos, sus muchachos, su padre y los amigos de éste.
FIN
