septiembre 22, 2026
LA COMPLEJA ADOLESCENCIA DE MATHEW

Mi nombre es Mathew, vivo en un piso de cuatro plantas con una enorme terraza desde la que se ve todo mi barrio.
Mi vida a simple vista puede parecer como la de cualquier adolescente, pero no es así; desde muy pequeño he sido un niño muy tímido y reservado, guardando todos mis pensamientos para no dañar a nadie y evitando inmiscuirme en lo que no me importa, o eso he pensado yo.
En el colegio no me iba bien, pero tampoco mal, supongo que como a muchos de mi edad, simplemente me iba. Siempre tuve que esforzarme más que los demás para poder aprobar el curso, me costaba memorizar las cosas y aprendía poco a poco aquello que me gustaba.
Mi problema se atenuó cuando descubrí que me daban ataques epilépticos, ¡un coñazo!, sobre todo cuando no eres consciente del momento en el que te puede pasar.
A veces sin darme cuenta, me bloqueaba sin saber por qué me pasaba eso y en el minuto siguiente volvía de nuevo a ser yo preguntándome qué había sucedido.
Con el tiempo supe que aquello sería frecuente en mi persona y que los fuertes dolores de cabeza me acompañarían, al menos durante una larga temporada. Cuando me sucedió lo que os voy a contar, mi vida ya se había derrumbado, mis padres estaban separados y yo no era un buen estudiante a pesar de mis esfuerzos.Aquel día yo jugaba con mi gatito en mi habitación y comenzaron aquellos malditos dolores de cabeza, cada vez eran más fuertes, tanto que mi madre se alarmó. No perdió ni un segundo y enseguida fuimos al hospital.
Dijeron que tenía que quedarme en observación, que debían comprobar que todo iba bien y que no me asustara. Fueron las últimas palabras que oí, no supe más.
A los días, cuando salí del hospital, supe que había estado en coma, como se suele decir: en estado vegetal. No me lo podía creer, me resulta increíble pensar que aquello me estaba pasando a mí.
Los días posteriores fueron lentos, mi recuperación tardaría en hacerse visible, tal y como dijeron los médicos. De hecho, tuve que empezar a aprender de nuevo, a leer, a escribir... el proceso fue muy lento, porque mi cerebro había permanecido dormido y yo inconsciente durante largos días.Mis padres me pusieron un profesor particular para que no perdiera clases y para que pudiera sacar el curso y así fue, pude graduarme y ese día la verdad es que estuve muy contento de lo que conseguí.Los médicos me habían dicho que tenía que evitar los ruidos, que me alterara y cualquier cosa que pudiera provocar mis dolores de cabeza.
Me considero un chico con suerte, porque soy bastante tranquilo y ese aspecto no tuve problemas para evitarlo, pero claro, siempre surge que sin saber por qué, el dichoso dolor de cabeza vuelve.Lo bueno es que no he vuelto a pisar un hospital, estoy muy contento por ello, aunque tengo otras luchas que son igual de complicadas pero por otros motivos. No me avergüenza decir que desde muy pequeño, siempre me ha gustado jugar con mi hermana y con sus muñecas, incluso con amigas suyas que venían del colegio a vernos.
Mi hermana me trataba como uno más de su pandilla y por ello debo estarle muy agradecido. Siempre he contado con su apoyo y desde que mis padres se separaron, ella ha estado siempre a mi lado para ayudarme en todo.
Ella fue la primera en darse cuenta que a mí no me gustaban las mujeres, siempre me veía mirando a los hombres y nunca jugaba con cosas propias de chicos.
Enseguida me preguntó si era cierto lo que ella pensaba y yo ví que era esa la oportunidad que tenía para hablar claramente de mi tendencia. Mi hermana me quería y siempre me escuchaba cuando le contaba mis problemas.Cuando se lo conté, ella me miró, me dijo que ya lo sabía y me dio un abrazo tan fuerte que aún hoy lo recuerdo. Al contárselo me quité un peso de encima, necesitaba contarlo y la mejor persona a quien se lo podía decir era a ella.Mi madre se enteró días más tarde y aunque no habló mucho del tema, sé que lo asumió; el que lo tuvo más difícil fue mi padre. Se enteró un año más tarde pero aún hoy sigue sin entender las cosas; a veces dice que son cosas de la edad, que es temporal, que se me pasará, por no querer asumir que los gustos no cambian, que mi vida es mía y que soy igual hijo y siento de la misma forma.
Yo tengo claro que si alguien te quiere, debe hacerlo a pesar de que tus gustos no le gusten a esa persona, que cada uno somos libres de hacer y de pensar lo que queramos y como sintamos y que aunque pasen años, es mi padre el que debe aceptar eso olvidando prejuicios absurdos y su concepto de valiente.
Para mí valiente es, y lo tengo claro, haber estado en un hospital durante días y haber salido de allí, haber superado esa época, haber sacado el curso con mi esfuerzo y demostrar que ante todo soy una gran persona.Y todo ello respaldado porque cuento con una gran familia que me quiere, una persona que me adora y mis mejores amigos que me aceptan como soy.

                                                                  FIN

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